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La larga Realidad Novelada de Narciso Guisote o la fundación del Nuevo Gabinete de México.

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A sus cincuenta y tantos años, Narciso Guisote se levantó temprano; casi no pudo dormir de la emoción. Había estado esperando este día con ansias, casi con demencia, como aquella vez que hace unos 10 años, con mariposas en el estómago, fue testigo en primera fila cuando el América venció a los Pumas cinco goles a uno.

Expectante y encantado, casi hipnotizado, se vistió con un viejo traje azul, se engalanó con su única corbata, se peinó el grueso y grasoso cabello negro, y se puso crema Teatrical en las manos y en los barbados cachetes, vasta cantidad de Agua de Colonia Sanborns, que tenía reservada sólo para las ocasiones más especiales.

Se miró en el espejo. Se acomodó la solapa. Sonrió satisfecho. De reojo alcanzó a ver que tenía algo de comida en la mesa; pero no, no tengo hambre. Y, ¿cómo es que tendría hambre en semejante fecha? Nada, esperar tanto tiempo para tan anhelado momento, y de pronto encontrarse ya en el plazo, lo tenía agitado y estimulado; algo tembloroso.

Encendió un cigarrillo que le recibió con tos a la primera bocanada. Lo apagó. Miró el reloj. Se sirvió un poco de café frío. Sorbió. Le desagradó el sabor y lo dejó sobre la mesa. Miró el reloj. Regresó al espejo. Se ajustó las mancuernillas. Sacó otro cigarrillo. Miró el reloj. Una fumada, tos y lo apagó. Se sentó en el borde de la cama. Se levantó para desarrugar el pantalón. ¡Sí! ¡Prodigiosa idea! Un coñac para abrir la garganta y la voz.

aa-a-a-a-a-A-A-A-A-A-A-A-A-A-A.- dio el primer trago.
ee-e-e-e-e-e-e-e-E-E-E-E-E-E-E-E-E.- miró el reloj.
ii-i-i-i-i-i-i-i-i-i-i-i-i-I-I-I-I-I-I-I-I-I-I.- otro trago, no sabe tan mal de mañana.
oo-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-O-O-O-O-O – carraspera, debe funcionar – oooooOOOOOooo, uuuuuuUUUUUUuuuuu, aaaaaaAAAAAAa.- miró el reloj de nuevo.

Sonriente se posó frente al espejo una última vez antes de la hora. Estaba maravillado y estimulado al máximo. Sintió la adrenalina recorrer su cuerpo en un escalofrío. El tiempo se acercaba, lo sabía, lo presentía, y lo vio en su reloj. Encendió otro cigarrillo. Se ajustó nuevamente la corbata. Un último trago. Apagó el tabaco en la tasa de café frío.

Con algunas hojas en mano, salió presuroso y excitado, y tomó el metro Balderas, llevando a cuestas un par de cajas de madera, de esas de rediles que se utilizan para transportar fruta, y que llevaba guardando hacía varios meses. Bien le sirvieron para apilar y transformarse en atril en cuanto llegó al Zócalo Capitalino, donde tan pronto como se instaló para dirigir su mensaje a la nación, fue removido por policías y partidistas, quienes sólo atinaron a decirle en son de burla, que no le fuera a hacer sombra al otro…

Así pues, algo colérico, se replegó casi hasta Catedral, y desde ahí, tomó aire y extasiado, solicitó a una vendedora de quesadillas le tomara protesta como Presidente. Aquella no sabía si reír o correr a salvo, pero después de que fuera animada por algunos mercachifles y paseantes divertidos, Narciso Guisote levantó el brazo derecho y juramentó. “Si no, que la Nación me lo demande”.

Inmediatamente después, echó aquel, mano de las hojas que había cargado consigo y comenzó a gritar su alucinado discurso y nombramiento de su Gabinete Paralelo:

Amigas y amigos:

Les agradezco su presencia y su respaldo. Al ver de nuevo este Zócalo repleto y lleno de entusiasmo, dijo tembloroso y notablemente emocionado reafirmo lo que siempre he pensado: con gente como ustedes nada es imposible…

Como verán, por mi pura pinta y buen vestir, he resistido ante el embate permanente de mis enemigos que han intentado, una y otra vez, destruirme e inyectarme en el cerebro. De poco les ha servido someter y envilecer a casi todos los demás compañeros, que se han vuelto desertores vulgares y locos.

(Al no faltar algunos que rieron y aplaudieron a sus ocurrencias, Narciso, visiblemente conmovido, continuó:)

Y sin embargo, aquí están ustedes – dijo señalando a una docena de personas que comenzaban a arremolinarse a su alrededor para pasar un rato con el extraño y esquizoide escenario- , y muchos otros que no pudieron acompañarnos, que no se rinden ante los enemigos de los pobres de imaginación. Por eso les expreso toda mi admiración y respeto; es un honor ser Presidente Legítimo de ustedes, amigas y amigos… Es en esta misión histórica que empeño mi honor y mi conciencia, porque saben que dinero no tengo, pero labia hay y hasta sobra…

Así pues, no hagamos tiempo a los demás que esperan su turno, y vayamos directo a lo que aquí nos ha reunido: Por el poder investido en mí, he constituido un gabinete con 10 personajes de nuestra vida, comprometidos con la causa, y estos son a saber:

Primero.- Para el ministerio de la Administración de Fondos del Ahorro, he elegido dividirla en dos: la sección tributaria recaerá en Bejarano y la administrativa en Carlos Imaz, que han sabido a rienda suelta soltarse de la conspiración que los fecalistas les han tendido. Ellos podrán hacerse cargo por completo del encargo, y ofrecen una disculpa por no estar presentes en este acto, pero están ya trabajando en la forma de mejor distribuir sus dineros.

Segundo.- Para la Secretaría de Turismo, nombro a Arturo Montiel, pues al fin y al cabo, el cabrón tiene casas en todo el mundo y me ha presentado un plan de austeridad republicana en la que no gastaríamos en hoteles.

Tercero.- Para la Secretaría de Justicia de los nuestros, he elegido al Viejo Batiz, que ha demostrado que es más importante la lealtad que la procuración, y eso ya no se ve en la calle todos los días, por lo que me parece una cualidad digna de admiración.

Cuarto.- Sé que para la Secretaría de Relaciones exteriores e interplanetarias, ha estado sonando el nombre de Iruegas, sin embargo, desde anoche he cambiado de opinión, por lo que nombro a ALF, quien de sobra conoce la Tierra y el Espacio Exterior.

Quinto.- En Cultura Popular he decidido poner a Talía, porque simplemente me resulta más atractiva que la Jesusa Rodríguez y la ensoberbecida Poniatowska.

Sexto.- En Relaciones Políticas no hace falta dar más explicación. Todos queremos a Chespirito.

Séptimo.- A Cheinbam, la Secretaría de la Obra Pública, pues es comprobado lo bien que se encargó de la construcción del segundo piso y el arreglo de los elevadores del edificio principal. Y como ella tendrá tiempo de más, le adjuntaremos la secretaría de Patrimonio Nacional para que tenga ella autoridad en perseguir al cantante Ferro, que ofendió nuestras tradiciones y usos y costumbres nacionales.

Octavo.- En la Hacienda Pública, he nombrado como titular al Mago Franc, para que aparezca todos los recursos que necesita nuestra nación de 20 puntos, abarcando la no reforma fiscal y energética, hasta la creación de recursos de un sombrero para que podamos darle seguridad social al sector ambulante e informal sin que tengamos que cobrarles ni luz, ni renta, ni impuestos.

Noveno.- Como encargada de Nuestra Belleza, estará Gloria Trevi, pues además de que ha expresado su interés en ser la primera mujer que me suceda, es rete-talentosa e idiosincrática como ella sola; no me cabe la menor duda de que será digna representante de México ante el mundo.

Décimo.- El último y más importante, es la Secretaria de Seguridad Pública, donde todos hemos estado descontentos con lo mal que ha funcionado esta dependencia, por lo que he decidido poner un alto a la delincuencia haciendo una mancuerna indestructible: para la policía, nombraré a Maiquel Nait y Kit el auto increíble, y para el combate a la delincuencia, a Bobby Slim… Pero no, amigas y amigos, no crean que me he vendido a los intereses neofascistas de la oligarquía. Verán pues que soy el más inteligente en este asunto, pues, ¿no se acuerdan de batman?... ¡Él también era el hijo de un millonario que no tenía mucho que hacer!

Amigas y amigos: regresen a sus barrios, colonias, comunidades y pueblos, enterados una vez más que estoy haciendo lo correcto.

¡Viva el Narciso Guisote!

¡Viva México!

Con Fox de salida, Calderon de llegada y después de la toma de protesta del autoimpuesto AMLO, México amaneció hoy con tres Presidentes… bueno, con cuatro, contando a Narciso Guisote.


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Realidad Novelada de una Mujer Golpeada (republicado)

Es una de esas mañanas de invierno donde estar bajo el sol quema la piel (más no calienta), y la sombra se mete fría hasta los huesos. Es una de esas mañanas donde se comienzan a observar adornos navideños en cada local comercial, y los anuncios de la radio se ven abarrotados de jingles. Es una de esas mañanas que bien podrían comenzarse con un buen café con poco de leche, dos de azúcar, un buen libro que leer bajo la ventana y un cigarrillo que disfrutar desde dentro de casa…

Y eso es precisamente lo que ella hace. Camina con lentitud, con calma, casi con dificultad. Pone la “danza de los espíritus benditos” de Orpeheus y Eurydice, y se cubre las piernas con una cobija de fieltro. Da un trabajoso sorbo al café. En las mañanas, es cuando tiene un poco de calma. Es cuando puede aprovechar el momento para estar a solas y distraerse de su terrible cotidianeidad.

Ella, se podría decir, es una mujer atractiva. Además de poseer una carrera y una maestría, disfrutar la lectura y conferencias, una mente reconocida como brillante, sus dotes físicos son notables. Joven como es, su cabello es grueso y liso, su espalda es recta y sus pechos generosos, la cintura pequeña y las piernas torneadas. Tiene las cejas arqueadas, los ojos grandes y claros, la nariz recta y fina, y la dulce boca, atravesada por un enorme y desagradable hematoma; de esos que duelen en la boca del estómago de nada más mirarlos…

Sí, ella que no sale de casa en esta mañana, es una mujer que sufre de maltrato. Ella es una más de ese gran numero de mujeres que son controladas, golpeadas, manipuladas. Ella es una mujer que a diario es insultada, menospreciada y criticada hasta por el más mínimo detalle, y lo que ella busca en esta mañana de invierno, es distraerse de su realidad, de su cotidianidad, del diario ser abusada por el hombre que alguna vez amó.

– ¿Con quien estuviste hablando toda la mañana? – le preguntó la tarde anterior, comenzando el vicioso circulo de agresiones. – Con nadie, mi amor. Te juro que… – ¡No te hagas la estúpida!- le interrumpió con brusquedad, con esa voz que siempre la persigue en investiga, con esa voz que demuestra furia, poder por fuerza, con ese tono violento que le provoca ir al baño a desasolvar las tripas sin control ni piedad. – De verdad, amor, ¡te juro que con nadie! – no sabe cómo responderle. No sabe cuanto jurarle ni cómo convencerlo de que no lo engaña y nunca lo ha hecho. Es un hombre agresivo, dominante, al que ciertamente no quiere hacer enojar. Por eso empieza a llorar. – ¡No llores! – le grita – ¡¿Qué me estás ocultando?! – la inquiere jalonéandola de la blusa. – Te conozco, pinche vieja puta, sé que cuando lloras es porque sabes que algo hiciste mal… ¡Eres una puta! ¡P-U-T-A!

Ella no pudo controlarse. Temblaba. Lloraba. Pensaba en cómo escapar de lo que no tardaba en llegar. Ni hablar de encerrarse en el cuarto, o de salir corriendo de la casa, porque la ultima vez que lo hizo, el castigo fue mucho peor. Entonces, su espíritu animal, el instinto más básico de supervivencia, la hizo hincarse en el suelo, meter la cabeza entre las piernas, abrazar sus rodillas y mascullar perdón. Suplicar clemencia por algo que no hizo, implorar compasión porque tal vez la empleada doméstica dejó descolgado el teléfono cuando lo limpió... y ella no se dio cuenta.

O tal vez, aquél sólo tuvo un mal día en el trabajo, o quiere demostrar quién es quien manda, o un pájaro le defecó el parabrisas del carro… Cualquier excusa es buena para celar, para encerrar, insultar, para compararla con otras mujeres y criticarla “¿Por qué no puedes ser como la esposa de fulano? ¡Ella sí es una mujer de mundo!... No, no quiero que tomes pastillas anticonceptivas. ¿Me crees igual que tú? Carajo, fíjate cómo le hace mi hermana. Pero si tu no sabes usar esos vestidos elegantes. ¡Se te nota el brassiere!... Estás gorda, eres fea, tonta, burda, tan torpe que no sabes ni planchar una camisa. Ya sé lo que quieres al ponerte ese vestido, ¡que te vean otros hombres!, ¿verdad? ¿A quien fuiste a ver al supermercado? ¿Ahí te encuentras con tu amante, puta de mierda?... Todo comenzó con un noviazgo de apodos, críticas algunas, celos varios, amenazas de matarse si lo abandonaba, arrojarle objetos suavemente cuando se enojaba. Y ahora, patada en las costillas, ella levantó la cara y golpe seco en la barbilla. Dejará marca por varios días. No podrás salir de casa. Es tu culpa, ¿qué no lo ves? Perdón mi amor, te juro que no volverá a suceder. Pero tu eres quien me provoca…

Ella es como cualquier mujer que puedes observar en una tienda, bebiendo un café, cargando gasolina, comiendo en un restaurante, caminando por el parque, recogiendo a los niños en la escuela. Pero en lo que es diferente, es que tiene en su vida este oscuro secreto del que no puede huir. Y vale decir que lo intentó. En reiteradas ocasiones. “Mire a su esposo, señora, está como un niño llorando de lo arrepentido, ¿porqué no lo perdona y se evitan todo el lío?”, le dijo alguna vez un Ministerio Público cuando lo denunció. Algo malo habrás hecho, le dijo su madre en otra ocasión. Y cómo ves, ¿sí eres muy coqueta?, le preguntó la psicóloga. A veces no nos damos cuenta… La amiga reflexionó sobre que perdería todo en la vida, te puede meter en la cárcel y quitarte a tus hijos… No te metas conmigo que llevas las de perder. Yo conozco a mucha gente influyente, la amiga de mi mamá, tu suegra, es subprocuradora de justicia… ¿Tu a quien conoces, puta?...

Ella ha decidido entonces, aguantarse, resistir, cargar su cruz. No quiere pasar más vergüenzas confesando lo que sufre. No quiere arriesgarse a que sus hijos se enteren. No quiere sufrir más reveses donde las autoridades ni seguimiento le dan a su caso. No quiere más que beber su café esta triste mañana de invierno, y leer un poco para olvidar otro poco lo que vive todos los días:

“(...) Y tendrás hijos que no sabrán nunca que eres mujer que sientes y padeces, sólo madre serás, su clara madre. Ignorarán las llagas de tu oído temeroso de oír noche tras noche, cuando se quedan la mujer y el hombre ante la eternidad en las tinieblas, una voz que no rima con tus pulsos, unas palabras que no sabrá nadie.(...)”

Sus ojos asoman unas lágrimas por el texto que acaba de leer. Sus manos temblorosas se tocan los labios adoloridos. Sí, ella es una mujer como cualquier otra, que vive esta pesadilla. Ella es una mujer que ya no quiere denunciar, que prefiere callar. Ella es una mujer que no tiene quien la defienda. Su nombre es un nombre común. Su vida, parece ser una serie de historias como la de tu mejor amiga. Sus sueños e ilusiones son los mismos de tu madre y hermana. Físicamente, se parece a tu hija. Esta es la triste y amarga realidad novelada de una mujer como cualquier otra.

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Cuento del día de muertos I

He decidido publicar un cuento al estilo de antiguas fechas. Espero lo disfruten como se solían disfrutar estos cuentos inofensivos que formaban parte de nuestras tradiciones en el día de todos los muertos.

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Poco después de apagados los últimos incendios revolucionarios de la región, regresó a Morelia procedente de Europa, el joven Miguel de la Casa, huérfano de madre, hijo único y heredero de la enorme riqueza de su padre, el hacendado Don Agustín de la Casa Solariega e Izasarra, quien le escribió poco antes de morir, suplicándole volviera para hacerse cargo de su natural peculio.

El regreso a tierras Michoacanas de Don Miguel, sorprendió a pobladores y conocidos, pues arribó en ferrocarril proveniente de Veracruz, con una mujer y una niña que resultaron ser su esposa e hija. La mujer, alta y de pocas carnes y mayor que él, tenía el carácter endiablado y el entrecejo profundamente marcado. Decía era apenas un reflejo de la belleza húngara que alguno vez tuvo, cuando fue cantante de ópera en Viena y tuvo la cuita de conocer al joven Don Miguel, antes de que el embarazo y los constates dolores de cabeza del matrimonio, la dejaran agobiada y siempre preocupada del porvenir.

Nadie le hubiera creído de épocas más rozagantes de no ser por la pequeña, quizás rozando los doce años, que era el ejemplo de belleza divina; nada común en la región y por ello la atención de sobremanera: de piel blanca como las nubes, los ojos azules y brillantes como el agua, nariz delgada y recta, sonrisa limpia y dulce y el cabello largo y rubio; era el ideal de princesa Baviera llegada a un México malinchista e idealista.

Sin embargo, al pasar acaso de un par de años, sucedió algo que sucumbió a la sociedad de alcurnia moreliana; los titulares corrieron la noticia como rápido se podían mover los medios en ese tiempo: Asesinato de Don Miguel de la Casa.

Al parecer, fue hallado su cuerpo semidesnudo detrás de Catedral con un extraño rictus de horror en el rostro, al grado en que no hubo médico que se atreviera a realizarle la necropsia de ley. Máxime, cuando corrieron los rumores de que el crimen había sido realizado por órdenes de su propia esposa, quien se había mostrado siempre por demás avara y preocupada por cuidar hasta el último centavo que Don Miguel no parecía poder mantener entre las manos.

Cabe mencionar que las sospechas incrementaron porque la mujer fue vista vestida de negro, desde hacía un día antes de que fuera encontrado el cuerpo, pues se suponía había estado el hacendado extraviado de fiesta por varios días. Por ello, entre bisbiseos y murmullos, siempre quedó la duda del homicidio, y la mujer nunca fue siquiera interrogada, pues los oficiales de policía temían de aquella extranjera que ni el 4° Arzobispo de Michoacán-Morelia y tierras Santas, Don Leopoldo Ruiz y Flores, quiso confesar jamás.

Pasaron pues los años, y la mujer nunca dejó de vestirse de negro, pero sí recuperó e incrementó buena parte de la fortuna, aunque ni ella ni su hija eran vistas de día con regularidad.

***

No se conoce mucho de la infancia de la hija de Don Miguel, salvo que le llamaban “la niña Ignacia” y que su belleza se acrecentó al pasar de los años, pues las características físicas se remarcaron acompañadas de un cuerpo que se fue tornando escultural: una cintura por demás pequeña, una espalda arqueada, las piernas largas y el busto firme y redondeado…

Se dice que nunca fue a la escuela sino que tomó clases particulares en su casa; siempre bajo la supervisión constante de su extraña y arisca madre, y bajo la tutela personal de únicamente mujeres, pues aparentemente la dama de negro no quería correr ningún tipo de riesgo, ni social ni económicamente hablando. No iba a permitir que un hijo de N-A-D-I-E cortejara a su hija… No iba a dejar que nadie se entrometiera en los planes que tenía para ambas. Ella y sólo ella, decidiría con quien la casaría para incrementar el feudo familiar.

Es de imaginar la soledad en la que se desarrolló “la niña Ignacia”, que en la edad de la rebeldía, ideó la forma de hacerse de amigos más allá de los libros que podía leer y la servidumbre con la que podía conversar, por lo que encontró que su madre le permitía a media tarde, entrar en la biblioteca de su padre con la excusa de dedicar tiempo a la lectura de los clásicos.

Día a día, con la paciencia beata, Ignacia fue asomándose a la ventana, viendo tímidamente en un principio, las sombras y figuras que se alcanzaban a mirar detrás de la tela blanca de las cortinas. De esa forma imaginaba; un perro, un hombre cargando madera para fogón, un vendedor de globos, un cura cargando su Biblia, aquel otro podría ser el médico con su familia, o una mujer galante y borrachos orinando su temor.

Como era de esperarse, llegó el tiempo en que la imaginación no fue suficiente, pues la bella adolescente pronto se enamoró de un joven al que conoció de esa forma… Entre las sesiones escolares, las clases de piano, las lecturas de la Biblia y los larguísimos rezos del rosario, Ignacia soñaba con que llegara la hora de acercarse a esa ventana, abrirla despacito, a penas un poco, y escuchar las bisagras rechinar y asomar parte de la cara para poder escuchar el galante saludo de aquel extraño, “Buenas tardes, princesa”, y ella responder con un susurro “las tenga usted, caballero”.

Cabe decir que estos encuentros furtivos se realizaban cada vez con mayor frecuencia, principalmente a media noche para no ser descubiertos por la madre de esta, por lo que por un buen tiempo, tuvo Ignacia la costumbre de bajar a media noche, a hurtadillas, para encontrarse con aquél muchacho, y abrir un chiflón de la ventana, para platicar a susurros y voces bajas, acerca de todo lo que les pasara por la mente: libros, paisajes y pasajes románticos, música y enamoramientos eran de charla cotidiana.

Al menos, hasta que llegó la fatídica fecha del décimo aniversario de la muerte de su padre, en que su madre, la húngara de negro, bajó las escaleras sin cenar y como durante los últimos diez años, se dispuso a salir en el carruaje a media noche. Nunca nadie supo a dónde iba, quizás al cementerio a purgar sus penas, quizás, se llegó a decir, a buscar algún beodo que le vendiera un rato de sexo pasajero. ¡Ignacia, te vas a ir al infierno!, sentenció mientras la bella muchacha sentía del pecho saltar el corazón, y acto seguido azotó la ventana y corrió escaleras arriba a esconderse bajo su cama. Aquella noche no durmió. “Y usted, joven, si valora a su familia, nunca más volverá a pasar por esta cuadra“.

Al verlo vestido con uniforme del colegio militar, la dama de negro escribió una carta a la luz de una vela. Y en penumbras, selló con cera y envió a un conocido militar de la región, acompañada la misiva de un pequeño saco de monedas de oro. “Le ruego General, que envíe al muchacho al frente, pues es sueño de él y de su humilde familia, defienda a la patria contra la rebelión de Escobar”.

Mirando el bajo-cama, esa noche Ignacia lloró desconsolada. No podía creer que había sido descubierta, y conociendo a su madre, imploró al cielo por una ayuda, una compasión que nunca llegó

***

No pasó mucho tiempo en que la gente del pueblo se diera cuenta de lo sucedido, y curiosos, solían pasar por el callejón, percatándose que paciente, esperaba Ignacia con la ventana entreabierta, a que de vuelta se apareciera el joven que alguna vez le enamoró.

Así, transcurrieron noches y noches, e Ignacia no lograba dormir, muchos dijeron, pareció la joven perder la razón, y ya no hubo fuerza humana ni su propia madre que lograra despegarla de la ventana, en la que permanecía toda la noche murmurando, rezando, rogando que tal o cual sombra, fuera de su amado que venía de nuevo a visitarla.

Por ello, la dama de negro, un buen día llegó a su lado y peinándole el cabello, le comunicó que gracias a su esfuerzo, venía de Praga un joven noble para casarse con ella; que debía recuperar los bríos para retomar la vida que había trazado para ella. Ignacia, permaneció en silencio y se limitó sólo a llorar. Su madre, desesperada, le confesó que había enviado al joven al frente, y que hacía algunas semanas había muerto en batalla militar.

Increíblemente, la dama de negro logró su cometido. Ignacia se levantó del lugar, le sonrió a su madre y besó su mano; con un beso que la hizo estremecer, pues fríos sintió sus labios. Nunca imaginó que la vida de ambas cambiaría a partir de esa escena.

Una semana trascurrió desde que recibió la dura noticia, y el día viernes, la dama de negro se levantó de la mesa y se fue a dormir la siesta, sin saber que nunca más despertaría, pues tras cortas convulsiones, murió asfixiada con espasmos musculares y vómito y espuma, y silenciosos gemidos de dolor que nunca lograron salir en gritos. Esa misma noche, con el cadáver de la madre a su lado, Ignacia se sentó de nuevo en la ventana.

Dicen los que saben de esta historia, que Ignacia nunca más se despegó de esa ventana de colonial fachada, ni siquiera para los servicios fúnebres de su madre, que terminó en fosa común pues no quiso la heredera pagarle entierro. Y es por ello común atender que de los transeutes que pasaban por ahí todas las noches, la escuchaban platicar a solas, como si conversara con un fantasma, y sobresalían las palabras dulces, amables, preciadas, como aquellas que una mujer sólo reserva para un amante y “amable caballero”.

Es pues por eso imprescindible contar también, que después de varios años, encontraron los vecinos un olor desagradable proveniente de la casa de Don Miguel de la Casa, que era habitada ya únicamente por la loca Ignacia, ya vieja. Llegaron las autoridades y entraron a la habitación, encontrando a Ignacia muerta, con los ojos blancos, la faz arrugada y pálida, casi calva, vestida de negro igual que su madre, y abrazando una fotografía que todos supusieron había sido de aquel caballero que alguna vez la cortejó.

Y sirva este cuento entonces de advertencia, que a partir de ese día, en la noche de muertos de noviembre, es necesario en Morelia guardarse en casa para de pronto, evitar encontrarse caminando solos en la zona del antiguo centro, quizás saliendo de un café o una cena, dónde sin darse cuenta, llegará el momento en que únicamente podrán escuchar la vaciedad de la noche y el retumbar de las propias suelas, con el aire frío entrando por la nariz y el sudor saliendo por la frente. Recuérdenlo muy bien, pues corren el riesgo de encontrarse de pronto en un callejón, frente a una ventana cuyas bisagras rechinen hasta quedar entreabierta. Forzosamente voltearán hacia ella, con el corazón retumbando, con el alma asustada y el cuerpo estremecido, y lograrán afinar los sentidos apenas lo suficiente para casi imperceptiblemente escuchar algunos murmullos del otro lado. Y ya habrá sido demasiado tarde. Detrás del vidrio, sucio y las cortinas roídas, habrán de encontrarse con la siniestra silueta encorvada y penante, de una vieja con faz desquiciada, desecha, y ya no podrán dar marcha atrás por más que quieran correr hacia el otro lado. Sus piernas no se los permitirán. A esa mujer, no le podrán nunca mirar los ojos pues estará vestida de negro y cubierta con un velo, apenas asomará la piel pálida y arrugada de la cara, y así sucederá año tras año, década tras década, hasta que encuentre a otro ser a quien confunda con su enamorado, matándolo al instante de un infarto para poder llevárselo a descansar con ella, en la paz eterna del infierno. Sirva entonces este cuento, de advertencia…

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Un raro y malo cuento o la conciencia de un político

El asambleísta local estaba visiblemente emocionado. Subió al estrado. Agradeció a todos por su apoyo, por su presencia, por su magnanimosidad.

– Compañeros – dijo dando espacio para aumentar la teatralidad, en un gesto de amor desenfrenado por la patria, y para afianzar nuestra democracia revolucionaria y así darle poder al pueblo – si ustedes están de acuerdo y así me lo harán saber levantando la mano en señal de votación pública- haremos en esta magna asamblea, un resolutivo que entregaremos a los demás diputados locales, para hacer eco a la desinteresada y solidaria petición de nuestro hermano de lucha, el Presidente DictarHugo de la Nación Estrellada.

La gente de inmediato levantó la mano y comenzaron las vivas, simpatías y aplausos desenfrenados. “Los tengo en la palma de mi mano”, pensó calculador y frío. No cabe duda de que es el mejor para la manipulación de masas. “Ni si quiera saben de que se trata y ya los tengo a todos votando”. Entonces sacó de la bolsa del pantalón un pañuelo con el que se limpió el sudor de su muy regordeta faz, y sonriente, agregó:

Proponemos en esta Honorable y Digna Asamblea Popular, y en solidaridad con el Encuentro Continental de los pueblos indígenas y campesinos, realizado en Caracas del 11 al 14 de octubre del año pasado, que México, los pueblos y gobiernos del mundo, conviertan el 12 de octubre en DÍA DE LA RESISTENCIA INDÍGENA PLANETARIA, por un nuevo orden mundial y un nuevo equilibrio del universo, al reencuentro con nosotros mismos, con América, con la Humanidad y con la madre Tierra…

Las porras no se dejaron esperar. De no haber sido tan sardónico y cínico, él mismo hubiera reventado a medio discurso con una carcajada. “Como corderitos”, pensó orgulloso. ¡Habrá que ser estúpidos!, y sonrisa sinvergüenza. “Ni hablar, lo que uno tiene que hacer para seguir en el juego político”. Así, mientras miraba a la clamorosa audiencia compuesta de gente de escasos recursos, levantó el puño en señal de victoria y tomó asiento en el estrado.

“A estos lumpen, mugrosos malparidos, patas rajadas, ignorantes y demás, les ha fallado México”, pensó, aceptando por fin y para su sorpresa, que sus acciones políticas únicamente van encaminadas a provocar precisamente lo mismo. “Así es la gente, no la cambies, mejor sácale provecho”, le había dicho su mentor político. “Sí, sí, seamos congruentes”, se sorprendió así mismo. Un golpe de calor, quizás, porque no, no puede ser que a medio mítin, frente a sus jefes, recobre de repente la conciencia. Eso no puede ser bueno para su carrera política. ¿Acaso el Dios en que no cree lo está castigando? No, no, no puede ser. Comienza a sentir asco. Un asco incontrolable. Y arrepentimiento. Mierda. Cual autómata se levanta de su lugar y retoma la tribuna. Arrebata el micrófono. Y sin que pueda controlar sus propias palabras, comienza la alocución y el fin de una prometedora carrera en el gobierno local:

– Seamos conscientes, compañeros. Seamos congruentes. Váyanse ya a sus casas, pónganse a trabajar, no pierdan más el tiempo, que para entretenimiento está la televisión…

Ni siquiera rechiflas. La gente se quedó muda; pasmada.

– Si renegamos la conquista, renegamos el mestizaje y me atrevo a jurar que ninguno de los presentes es pura sangrea. Es más, no seamos racistas ni nos fijemos en estas cosas, que al fin y al cabo, todos somos mexicanos…

Hubo alguien por ahí, en la multitud, que le gritó “¡oligarca!”. Entonces él respondió: ¿Qué nuevo orden mundial y que Universo? ¡Por favor! ¡No seamos estatístas! ¡El descubrimiento de América fue en su tiempo un gran logro científico!... Sí, es correcto. En nombre de la conquista se realizaron muchos asesinatos y atropellos. Pero eso no quiere decir que debamos renegarlo todo. Critiquemos, sí, pero ¡por favor, aceptemos nuestra realidad y no seamos ideólogos del pasado ni renegados absurdos! Ni todo ha sido malo ni pretendamos tonterías. O ¿qué? A poco pretenden tirar todo por la borda y regresar al trueque? ¿Qué no saben que estos líderes que los vienen a azusar, se irán al rato a comer al Cacino Español? ¿De verdad quieren tirar el sistema republicano y que regresemos al imperio para elegir al tlacatecuhtli, que quiere decir “jefe de los hombres”?. No señores, ni todo el amor ni todo el poder. ¿Quieren regresar al sistema escolar mixteco? Porque cualquiera que sepa de historia les dirá que ése, sí era un sistema oligárquico. Solo iban a la escuela los nobles y los guerreros; no se olviden del telpochcalli y el calmecac; y eso, sí, olvídense de aprender a leer, que eso solo los privilegiados…

¿Quieren de nuevo que el Estado reconozca como legítimo la existencia de los esclavos? Porque ninguno de ustedes iría a estudiar y seguramente trabajarían a marchas forzadas… No habría ganadería, sólo tendríamos el pavo como ave de corral y comeríamos ocas salvajes. Ni competencia económica. Olvídense de entrar a un Carrefour, Auchan o Wallmart. Sólo un gran mercado por ciudad y nada más. Ni poder tener casa siquiera; habría que rogar al calpulli para que nos prestara su propiedad para sembrar y habitar. Qué tal que volveríamos a los sacrificios humanos de vez en cuando, comeríamos grillos, moscas, insectos y una que otra planta. Olvídense de los noviazgos, el sexo prematrimonial y muchas cosas más. En esas épocas solo se podía tener relaciones dentro del matrimonio y vía sacerdotisas dedicadas a la prostitución ritual. Y si no se era guerrero, acostarse con alguien significaba la muerte a pedradas.

“Y ustedes muchachitas” dijo señalando a algunas que estaban atónitas… ¡Las chicas eran educadas por sus madres sólo para casarse y para realizar las tareas del hogar!

A mí me perdonarán, pero no quiero tener nuevamente un gobernante con poder ilimitado, que abarque a todas las cosas y a todas las personas. Ni quiero que junto a él, los guerreros y sacerdotes sean el grupo de mayor poder… Imaginen que no habría siquiera clases medias ni posibilidad de hacer dinero, de crecer, de ascender… No, no, y no. ¡Imagínenselo! Yo por lo pronto, prefiero seguir llamándome Miguel y no Acamapichtli…”

– Compañeros, no le hagan caso, al compañero Miguel le dio mucho el sol- dijo el líder del partido político en cuanto el arrebató el micrófono. Con gusto, observó que su comentario causo carcajadas y comenzó a retomar el orden y la marcha de la Asamblea. – No se nos olvide a lo que aquí venimos: a obligar a que México, los pueblos y gobiernos del mundo, conviertan el 12 de octubre en DÍA DE LA RESISTENCIA INDÍGENA PLANETARIA, por un nuevo orden mundial y un nuevo equilibrio del universo, al reencuentro con nosotros mismos, con América, con la Humanidad y con la madre Tierra- ¿Quién vota?-

El exasambleísta, ahora perseguido político y enemigo público, no pudo más que echar a correr y desde la distancia, observó orgulloso, que muy pocas manos se alzaron. Sonrió. Era una sonrisa tranquila. Y al día siguiente se inscribió en una Universidad extranjera y estudió la carrera de Medicina. Dicen que se graduó, se casó, montó un consultorio y vivió muchos años feliz y con la conciencia tranquila; sabiendo que en cinco minutos hizo más por la gente, que muchos políticos en este mundo. Y es aquí, queridos lectores, que este raro y malo cuento se acabó.

quierenFoto: vía Luccy

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Reflexiones Noveladas de un Legislador (republicado)

Publiqué este hace ya más de un año, creo que viene muy acorde con nuestros tiempos, espero lo disfruten:
www.realidadnovelada.com

Fox es un pendejo. El jefe Diego es un pendejo. Creel es un pendejo. Madrazo, Slim, Lance Armostrong, la Asociación de Padres de Familia, Octavio Flores, el Papa Benedicto, la Fundación de APAC, Ebrard, el Dr. Simi, México Unido contra la Delincuencia, Luis Miguel, López Dóriga, Bejarano, El Príncipe Carlos, Cárdenas, Disneylandia, Beatriz Paredes, Jacques Chirac, Germán Dehesa, Las Propuestas Ciudadanas y Carlos Ahumada, son todos unos pendejos. Y cómo olvidar a Edith González, a González Iñarritu, a la Robles, a Carlos Fuentes, a Onésimo Cepeda y al Peje. Igualmente pendejos son el lechero, el chofer, mi secretaria, el policía de la cuadra, mi prima, el limpia botas, el tendero de la esquina, la gata de la casa, mi hija, mi vieja, mi suegra, y ultimadamente, todos los mexicanos que no saben que yo soy el indicado para guiar sus vidas…

Efectiva y parsimonosiamente, Yo soy el elegido para dar el ejemplo. Yo soy el adecuado para propiciar el verdadero cambio. Yo sí estoy preparado para liderar la nueva república y recuperar el esplendor mexicano. Yo soy el último político honesto. Yo soy el predicador. Yo veo el futuro. Yo soy el perfecto. Yo soy el único capaz. Realmente trabajador. Yo no tomo vacaciones y asisto todos los días al recinto legislativo (auque sea para perder el tiempo cuando no es periodo de sesiones).

Yo sí me he sacrificado. Yo no tengo vida propia, pues la he donado al servicio de mi causa de Estado. Yo soy el único que conoce las entrañas del país. A mí si me reconocen en la ciudad de México. Porque Yo adjetivo. Yo juzgo y ajusticio. Yo no me acobardo. Yo soy el único capacitado para distinguir una buena política económica. Yo sí odio a Salinas. Yo sí lo culpo del modelo neoliberal que hoy vivimos. Yo sí se que para que pase lo que uno quiere, hay que tener mayoría absoluta en las dos cámaras. Yo sí propuse la reforma fiscal que luego echaron para atrás dizque por ineficiente. Yo propuse el impuesto suntuario y de lujo a los zapatos y comidas en restaurantes. Yo sí me sentí agraviado cuando Fox envió a controversia a suprema corte mis modificaciones al presupuesto. Yo sí estudie economía y leí todos los tomos del Capital. Yo soy el único que sabe que la economía marxista y de endeudamiento, en verdad funcionarán para México. Yo no le tengo miedo a los créditos. Yo soy el que se lo ha demostrado a Andrés Manuel. (Porque ni Presidencia, ni Hacienda, ni Banco de México, ni los Analista nacionales e internacionales lo saben como yo.) Yo no miento.

Yo sí se de lo que hablo cuando hablo. Yo leo todos los días. Yo estudio todos los días. Yo tomo tres tazas de café todos los días. Generalmente no desayuno, pero legislo todos los días (hasta en la cama). Yo sí impongo. Yo sí planeo conciliaciones y rompimientos. Yo imagino escenarios, ideo tácticas, practico alianzas y todos y cada uno de mis discursos intimidatorios. A mí no me tiembla la mano. Por algo he participado en tres legislaturas. Por eso soy coordinador de la bancada. Yo sí medito en los pasos a dar. Yo sí pago armas para grupos de resistencia. Yo sí me atrevo. No le temo a nuevas balaceras. Yo sí conspiro, pues México y yo lo merecemos. Yo sí trepido. Yo sí inquiero. Yo sí acuso de mentiroso a Vicente y esposa. Yo sí soy un hombre y en mi casa mando yo. Por eso, yo estoy detrás del éxito de la izquierda actual, y yo sí gobernaré y yo sí seré el Presidente de Los Estados Unidos Mexicanos; el elegido, el merecido, el adecuado, el anhelado…

Porque yo sí me atrevo a traicionar. Porque yo sí he hecho algo por este país. Yo soy el que propone a jueces sin rostro para casos de alta peligrosidad (que me beneficiarán cuando Yo dictamine la peligrosidad del disidente). Yo sí sé que México necesita de una cirugía mayor, de algunas amputaciones. Yo no soy débil. Yo no soy maricón. Yo no permito agravios en contra mía. Si me obligan al enfrentamiento, yo sí respondo. Yo sí veo el futuro. Yo destrocé a Paoli Bolio. Yo identifiqué a la plutocracia, a la minoría con dinero que gobierna este país. Yo denuncié a Korrodi. Yo denuncié el Fraude de los Amigos del Idiota Sordo… Por si se necesitan más pruebas, yo descubrí el asqueroso tejemaneje y triquiñuelas de PEMEX para financiar a Labastida, y acusé al Peje de no ser residente del DF. Yo siempre descubro el hilo negro. Yo no soy como esos funcionarios que viven atemorizados, aterrados, que les hacen falta huevos. Yo no tengo adversarios. Yo, – a diferencia de Andrés y sus puterías- sí le pongo nombres a las cosas: Yo sí tengo enemigos (además de él). Y yo sí tengo visión de estadista, y por ende, yo si me jodería a Elba Ester para que la gente culpara a Montiel y a Madrazo (¿no pasó lo mismo con Colosio y Salinas?)... Si Yo sí comprendo. Yo no soy aprendiz de brujo. Yo sí conozco las fuerzas subrepticias del ejercicio del poder. Yo sí tengo ocultas simpatías por los dictadores como Castro. Si Yo fui militante del clandestino Partido Comunista, de filiación stalinista. Si Yo ya estuve en prisión. Si Yo sí defiendo al ejido…

Amo mi vida, es deliciosa. Es divertida y entretenida. Me gusta ridiculizar al pendejo. Me gusta señalar al ignorante. Me gusta utilizar mi dedo para pontificar y dar énfasis teatral en cada perorata. Disfruto utilizar las palabras “mentiroso”, “irresponsable”, “sátrapas” y “deleznables”. Yo no le temo a las arengas. Yo sí negocio, yo sí consulto, aunque siempre les diga que no porque son pendejos. Yo no vivo en Foxilandia ni en Pejelandia. Yo sí soy un magnífico orador. Yo no tengo miedo a que se me acuse de ególatra. Yo sí me gusto. Yo sí tengo gustos sobrios. Yo sí soy refinado hasta cuando escupo. Yo soy Yo. Yo el conquistador. Yo el ungido. Yo el amado. Yo el deseado. Yo el idolatrado. Yo el esperado por todos los mexicanos. Yo. Yo. Yo. Estoy convencido, en que poco a poco, llegaré a ser el elegido para el 2012. Solamente Yo. El Groucho Marx bizarro… ¿Y qué?

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