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Cuentos

Enigma 2000

Se llama Casimiro Aoyama Duarte. Es un hombre joven, delgado y bien parecido. Tiene un auto deportivo y sus ingresos están por arriba de la media en la ciudad de México. No lo sabe ni lo imagina, pero en una semana estará muerto. Goza de aparente salud y acaba de cumplir cuarenta años que no se le notan. Nunca ha tenido una relación de pareja. Ese será el pensamiento que lo atormentará durante los últimos segundos de su vida.

Casimiro, hijo de una veracruzana y un conservador migrante japonés que habla poco y gruñe mucho desde que llegó en un barco mercante al que nunca volvió a subir, disfruta desmedidamente de invadir la privacidad de otras personas a través del  fenómeno de las cámaras web.

Para él, con una carrera creciente y pujante en una empresa global que produce videojuegos, su adicción no representa mayor problema: trabaja desde su casa y cada día, por horas, desde la intimidad del anonimato, gasta buena parte de sus recursos y su tiempo en observar a mujeres que viven de compartir su cotidianeidad con cualquier extraño que tenga a su alcance una computadora, una línea de internet y una cuenta bancaria.

—Despierta. —le increpó una voz con violencia. Apenas podía enfocar y mantener los ojos abiertos. Una lámpara de luz blanca le cegaba.

—¿Quién es? —balbuceó, aturdido.—¿Dónde estamos?

—Mi nombre es Jorge Balles, me dicen el Diúrex.

—¿Qué está pasando? —preguntó Casimiro aún amodorrado—. No entiendo nada… —agregó con un dejo de pánico en la voz.

—Quédate tranquilo —le indicó su interlocutor.—El Diúrex tenía voz de mando: clara pero a la vez suave, casi paternal. Casimiro apenas dudó y obedeció.  “Tranquilo”, se dijo, y a los segundos sintió una oleada cálida recorrerle las piernas. “No pasa nada”, repitió para sí hasta quedarse nuevamente dormido.

El joven Aoyama Duarte no fue siempre un tipo raro y solitario. Durante su funeral, sus compañeros de colegio lo recordarán como alguien afable, generalmente bromista, buen deportista y hasta algo soñador. Alguien incluso evocará —entre esas incómodas y cómicas anécdotas de velorios— que de niño, muchas veces mencionó que quería convertirse en ginecólogo. ¿Qué le pasó a este muchacho que cambió tanto?, se preguntará la madre cuando la llamen a reconocer el cuerpo en las instalaciones forenses.

En realidad, no lo podrá identificar plenamente. El rostro del cadáver de Casimiro estará deformado, pero su madre podrá percibir que se trata de él. Una madre siempre lo sentirá, lo sabrá en el fondo. Eso y una seña particular que heredó: una membrana interdigital que une discretamente entre sí, el segundo y tercer dedo del pie derecho; una extraña condición que se ha trasmitido de generación en generación entre los Duarte.

Casimiro es siempre de rutinas fijas y obsesivo. Como todos los martes, hoy llega del supermercado, pero a diferencia de otros días, observa cerca de su puerta, una enorme caja de cartón coronada por un elegante moño dorado. Como no lleva su nombre y no es su cumpleaños, asume que se trata de un error y decide dejarlo ahí; quizás sea un regalo para el vecino que algún descuidado mensajero dejó en el pasillo. Abre la puerta, y adentro, se quita zapatos y calcetines porque le gusta caminar a piel desnuda, sobre el costoso piso de madera canadiense. Prepara la tetera y se sienta en su sala de trabajo mientras enciende sus ocho monitores para trabajar en diferentes ordenadores al mismo tiempo, sin saber que hoy faltará por vez primera a una videoconferencia con sus superiores, pues estará desmayado, desnudo, en el baño de su lujoso apartamento.

¿A quién quiero engañar? Los ocho monitores son para conllevar mi adicción. Siete en espiar, uno en el trabajo real. Siete como los días de la semana, como los colores del arcoíris. Siete es mi número de la suerte, como los siete mares, los siete cielos, las siete artes liberales, las siete maravillas y maravillosas son esas tetas redondas y perfectas. Me encanta cuando camina rápido y le rebotan, naturales, místicas, hipnotizadoras. Por eso, aunque esté prohibido en todos los Terms of Service, tengo un sistema para grabar lo que capten mis pantallas.  Para poder ver una y otra vez lo que me gusta y no estar sujeto a que todo desaparecerá en un respiro.

 

—Pinche chinito —le recriminó Jorge Balles, con una mirada fría y directa y con el entrecejo duro, altivo—, ya te measte.

La mejor parte de las webcams, sucede cuando las personas no se percatan de que alguien las está observando, cuando olvidan ese detalle. Porque entonces, actúan normalmente, sin esa pesada cortina que nos impone el sabernos vigilados. Como cuando se meten el dedo en la nariz, o se acomodan la ropa interior con total desfachatez. ¿Quién no lo ha hecho nunca? Para mí, vale la pena estar pendiente muchas horas para lograr ser testigo de esos segundos. Eso es lo que pocos entienden cuando juzgan.

—No soy chino.

—Vale madre —le reprendió con tosquedad Jorge Balles mientras se acariciaba la barba, impecablemente cuidada—. Igual te measte.

—Mi padre es japonés —intentó exculparse. Entonces se dio cuenta de que no podía moverse, que estaba fuertemente amarrado y sentía frío en la espalda. A su lado derecho, estaba la tina de porcelana blanca que compró en un sitio web de antigüedades en subasta.

—Y tú eres un pinche chismoso que de no meter la nariz en donde no la llamaron, no estarías meado—le asestó una cachetada, para luego rematar—; pinche chinito chismoso, y meón.

Todo sucedió en uno de esos momentos en que se olvidó de que estaba rodeada de cámaras que ella misma instaló para vivir de ser observada. Después de todo, no eran horas típicas.

Además, siempre que trabajaba en su laptop, ella lo hacía en una postura bien pensada, de tal suerte que el monitor no fuera filmado nunca. Pero se distrajo. Apenas un instante. Y su pantalla se reflejó en un espejo que —maldita sea la suerte— captó la atención de Casimiro y sus obsesiones.

Con ágiles golpes de dedo y movimientos certeros, por medio de una captura de pantalla que transpoló con photoshop, pronto pudo el joven Aoyama Duarte amplificar y leer la imagen captada:

III “STRICH” Family E11/G11/S11/S12/M3//G10/S26//M20

III E11 YL AM/USB, M03 G11 S11a 05.00, 06.05, 06.45, 07.15, 07.55, 08.15, 08.45, 09.15, 10.30, 11.00, 12.30, 13.00, 13.30, 14.15, 16.30

Tue 21.00z (noted 5082kHz)

151, 39, 47, 3013, 2, 90, 25, 987, 43, 47, 36, 56, 66, 84, 70, 2, 43, 47

Nada entendió Casimiro, pero reconoció que 5082kHz describía una frecuencia. Algo intuyó y de inmediato salió al centro comercial para comprar un radio scanner de onda corta. No supo nunca qué lo impulsó, pero le pareció buena idea. Después de todo, los radioaficionados también son especies de voyeristas que disfrutan de escuchar conversaciones policiales y mensajes de otros lugares del mundo.

Le costó trabajo hacer funcionar el aparatejo, pero con ayuda de la Internet, lo logró en mucho menos tiempo del que había imaginado. Sincronizó la frecuencia. Había estática. Algo estaré haciendo mal, chingao. A punto estuvo de apagar el radio cuando de pronto una voz femenina, cuasi mecánica, comenzó a recitar una rápida secuencia de números: sixtysix coma eightyfour coma seventy coma two coma fortythree comafortyseven coma onefifftyone coma thirtynine coma. ¡Mierda! ¡Son los mismos números de hasta abajo!

 

Durante tres días jugó Casimiro con aquellos números. Hora tras hora, pensamiento tras pensamiento. No parecían una serie Fibonacci ni aparentaban siquiera mantener una secuencia matemática lógica. Nada tampoco en la Internet. Al menos en la red visible,  ésa que todo el mundo conoce gracias a los motores de búsqueda que indexan los sitios comerciales y públicos.

Sin embargo, como experto, Casimiro sabe bien que el ochenta por ciento de los sitios de la web son privados y que no están indexados por motores de búsqueda como google o yahoo, por lo que están escondidos fuera del escrutinio normal en los abismos de la telaraña informática, en eso que sólo los muy versados conocen y que se denomina la Deep Web.

Usando un buscador similar al TOR, pero que él ayudó a diseñar durante un hacking campus en la India, Aoyama escrutó en dominios que no fueran los comunes .com y demás conocidos, hasta que dio con un foro llamado Enigma2000.smab, donde obtuvo las pistas que tanto había estado buscando. En tal sitio, un grupo de anónimos aficionados explicaba que las emisoras de números, como ésta con la que se topó, son emisoras de radio de onda corta de origen incierto, pero cuya existencia  había sido documentada por la sociedad civil desde la Segunda Guerra Mundial.

“En general transmiten voces leyendo secuencias de números, palabras, o letras (ocasionalmente utilizando un alfabeto fonético). Las voces que se oyen en estas emisoras son, a menudo, generadas mecánicamente, vienen en una gran variedad de idiomas y normalmente son femeninas, aunque a veces se usan también voces infantiles. Nuestras investigaciones nos llevan a creer (aunque no hemos podido verificarlo), que dichas emisoras son canales de comunicación para enviar mensajes e instrucciones a espías. Esto no ha sido reconocido públicamente por ningún gobierno, pero se hacen algunas referencias en ciertos documentos filtrados en los WikiLeaks. Cabe destacar que a la fecha, nunca nadie ha visto quién ni cómo se generan estas secuencias ni desde dónde se hacen ni con qué propósito.”

Acostumbrado a navegar con absoluto anonimato gracias a sus conocimientos tecnológicos y guiado por el espíritu colaborativo del ideal de la era de la información, Casimiro se anima a participar brevemente en el foro antes de apagar la computadora: “Creo que se trata de algo inofensivo”, escribe con soltura. “Tengo prueba en video de una chica que ha escrito el código: 151, 39, 47, 3013, 2, 90, 25, 987, 43, 47, 36, 56, 66, 84, 70, 2, 43, 47 trasmitido en la frecuencia 5082kHz hace tres días a las 12.30 horas y repetido después a las 13.00, 13.30, 14.15, y 16.30 horas”. Casimiro está extático. Nada lo ha emocionado tanto desde que vio una webcam por primera vez. Suena el recordatorio de la agenda de su celular. Es martes, en un rato más tendrá una videoconferencia con sus jefes. Necesita bañarse y aclarar la mente, olvidarse del asunto por un rato.

—Me dicen el Diúrex porque pego fuerte y arreglo las cosas, chinito.

—Me está confundiendo —imploró Casimiro girando la cabeza porque el aliento agrio de su interlocutor le generó asco—. ¡Y ya le dije que no soy chino! ¡Soy mexicano!

—Vales madre —le amonestó con una segunda bofetada, esta vez mucho más fuerte que la anterior—; todos son bien valientes cuando se ponen a investigar cosas en internet, pero bien que lloran y suplican cuando yo llego.

—¿De qué me habla? —preguntó el joven Aoyama Duarte con lágrimas de desesperación rodándole por el rostro mientras sentía que se le inflamaba el labio por el golpe propinado.

—Están bien pendejos. Todo por andar de curiosos, queriendo saber más. La mejor forma de caerles cuando descubrieron algo que no debían, es poniéndoles un forito dónde puedan presumirlo —le dijo con una amplia y fría sonrisa antes de forzarle una toalla de manos en la boca para que de ella no pudiera salir sonido—. Entonces, el Diúrex le aproximó la enorme caja de regalo con moño dorado que había visto cerca de su puerta más temprano y, de ella, sacó la cabeza cercenada de una mujer.—Lo malo es que me tuve que chingar a la nenita de las webs también —agregó cuando se la puso sobre el pecho desnudo—. No es personal, chinito. Es sólo que no puedo dejar cabos sueltos…

Para ti

Es un viejo cuento-moraleja, que reescribo según lo recuerdo. Sé que no es la versión original, pero espero la moraleja final sea útil de igual manera.

En un antiguo paraje oriental, existía un monasterio habitado por una estricta orden ortodoxa.

Dentro de sus tradiciones, los monjes que sólo veían la luz del sol un día al año en su peregrinaje cíclico, seguían el mandamiento férreo de no dejarse tentar por la carne humana, para nunca pecar por falta de castidad. Las reglas no escritas, pero siempre vistas y seguidas: jamás ver a una mujer a los ojos, nunca hablarles, impensable siquiera rozar sus ropas; ¡infierno para quien las tocase!

Así pues, venían todos de vuelta, caminando en fila, con la mirada hacia el suelo y el capuchón montado, pero la dificultad del paraje, provocó que se retrasara uno de los maestros con su aprendiz, que quedaron algo rezagados del grupo que marchaba al enclaustro del año nuevo.

Estos dos últimos, llegaron tarde al cruce de un río que hicieron los demás en una barcaza, viéndose obligados a levantarse las ropas y atravesar a pie y a contracorriente.

De pronto, cuando comenzaban a adentrarse en el agua, se acercó a ellos una mujer llorando, muy bella por cierto, que provocó que ambos en reflejo, echaran la mirada al suelo.

– Ayúdenme por favor – suplicó ella. -Es demasiado tarde y no he alcanzado a la barcaza. Necesito cruzar el río pues mi madre está en su lecho de muerte y me temo que si no llego hoy en la noche a su lado… temo que me lleve la corriente.

El joven aprendiz, recordando bien sus mandamientos, hizo caso omiso de la plegaria y adelantó unos pasos, hasta que se percató que su maestro no venía a su lado. Al volver la mirada, observó que aquel a quien tanto admiraba, había violado su código y cargaba en hombros al ente del pecado.

Atrás quedó el río, el maestro bajó a la mujer y continuaron a marchas forzadas pues era peligroso que la noche los atrapara a medio camino. El maestro, en silencio avanzaba y el aprendiz, en silencio maldecía a aquel que había cargado a la mujer. ¿Lo denunciaré? Es mi obligación ver que nadie de la orden peque… Pero es mi maestro. ¿Cómo puedo hacerle esto? ¿Cómo a sabiendas de todo, la vio a los ojos, la escuchó, la cargó y la tocó? ¿Cómo lo hizo viendo además lo hermosa que ella era?

– Hemos llegado – dijo el maestro cuando después de un par de horas, se asomó en el horizonte el monasterio ya iluminado por antorchas.

Maestro- le dijo el otro- antes de que lleguemos al lado de nuestros hermanos, en el silencio y confidencialidad que nos otorga la distancia, le hago saber mi enojo por el pecado cometido.

– ¿A que te refieres? – preguntó el maestro sorprendido.

– A que ha tocado a una mujer, cuando la llevó en sus hombros a cruzar el río, hace 20 leguas… debe saber que no he podido dejar de pensar en ello las últimas tres horas de andar, pues pensaba denunciarle, pero al tratarse de usted, ahora mejor se lo menciono.

– Querido – le respondió cariñosamente su mentor – que esto te sirva de lección: hemos pecado ambos, pero cuando yo lo hice, un fin correcto y piadoso se cumplió y no lo mismo ha sucedido contigo.

– ¿Yo? – preguntó anonadado

– Sí. Yo he tocado a una mujer, que dejé 20 leguas atrás, en cambio tú no has podido sacarla de tu mente las últimas tres horas… ¿porqué no la dejaste como yo, a la orilla del río?

Realidad Novelada de Narciso Guisote III o el curioso e irónico cuento del origen de la Tambora

Tambora de Siglo XIX

Relatan los textos antiguos, las crónicas de origen, la historia de libros viejos, fuentes documentales serias y no tanto, diarios mal escritos, notas inconclusas y tantas otras leyendas, que en algún momento del siglo 18 inició en el Honorable Estado de Sinaloa, un movimiento musical sin comparación, original, sin antecedentes claros y de gran éxito comercial y popular llamado “La Tambora”, cuyo origen real es desconocido; hasta ahora.

Así es, amigos, damas, caballeros y todos los de sexo definido pero preferencias indistintas, este, es el momento que todos esperaban y que nadie reclamaba; Yo, Narciso Guisote, caballero de la Real Ordenanza de la Historia No Oficial (ROHNO por sus siglas) a la que pertenecemos los mas prestigiados y arraigados académicos del contra-régimen, contaré en este medio y de forma por demás exclusivísima, cual es la verdadera historia del arranque de esta música.

Corría el sacromemorable año de 1894, cuando en buque de enorme talante, llegaron a la ciudad puerto de Veracruz, un otrora grupo de músicos alemanes, provenientes de bávara región, que en interminable gira mundial contratados por todo aquel amante del germanismo, llevaban años lejos de casa y en recóndito desvío de suerte, fueron a última instancia, convenidos por el gobierno del entonces dictador José de la Cruz Porfirio Díaz Mori (¿me escuchaste, Barbarita de mi vida y de mi’amor-chocorrol-acanela’o?).

En fin, auspiciados por el gobierno, las amantes mexicanas, el trato calido de la alta sociedad nacional y la comida aborigen que conquista hasta al más delicado estómago bárbaro, estuvo este grupúsculo de músicos más tiempo del que debieran en nuestra patria, haciendo presentaciones harto socorridas y bien pagadas en toda la capital y centro de la república, al grado en que compadres de varios se tornaron, y “tios” de muchos que reconocieron a regañadientes.

Fue de esta forma, en que de sorpresa les tomó el empiece de la revolución mexicana, y debatieron cuantioso tiempo la fecha de su partida y el retorno a sus oficiales familias, pero como siempre se dice que nada pasa apegándose uno a los que están en el poder, prefirieron quedarse un tiempo para ahorrar otro poco y poder comprar una casa de veraneo en las islas griegas. Y vengase tu reino que se fue Don Porfirio y estos quedaron desamparados, así que queriendo salir por el norte porque el puerto estaba tomado, fueron a dar sin querer y sin pensarlo, a la distintiva ciudad de Mazatlán de Pata Salada, mundo ajeno y exótico, sexual y convulsivo donde se vieron obligados a instalarse no más de quince días para poder tomar un buque con destino a Hawai que los llevaría a mejores destinos.

Considerábanse ellos de holganzas, asistiendo a playas vírgenes, comiendo aguachile y chilorio con manteca, agazajados todos por los habitantes de la región, pero el problema de la cama flaca nunca falta, pues de allá las mujeres tienen mucho culo y poca chiche, y el líder de la banda, un galgo alto de apellido Hank, no respetó el respeto que se merece un anfitrión, he hizo las mieles del amor con una señora casada y con casa, llamada Euforina, que fue descubierta en el acto gozoso, por su señor esposo ante la Ley, la sociedad, y el mismo Jesús Cristo, Don Cuco Godinez de Virgen y Tirado, de oficio agricultor, ganadero y minero, de creencias evangélicas, de moral intachable y de obligación decorosa, representante de la junta revolucionaria en la región.

Si, es cierto, su regimiento no constaba de mas de 14 machos, guarachudos todos, imberbes con bigote de cancha de fútbol que no hablaban español en la mayoría, cazadores del monte con arco y flecha de madera y punta de piedra, con calzón de manta, pantalón igual, pero tropa al fin y al cabo obediente, leal, muerta de hambre pero honrada y sedienta de revolución.

Pasó pues Don Cuco la deshonra en silencio, a nadien le comentó, solo a la mujer reprendió y como había sido la vez primera, la perdonó como quien perdona a un perro que intenta morder al amo, pero luego luego planeo su venganza contra el infeliz que había hecho gozar a la mujer como el nunca había podido por miedo a las habladas y al capricho de Dios: una noche antes de la partida, metió a su gente al cuarto que compartían los güeros altos, y a punta de machete les robó todas sus pertencias y los condujo hasta el muelle donde entre amenazas y empellones, los tiró al agua hasta que horas mas tarde llegó el barco en el que partirían, mismo que dejó que abordaran siempre y cuando no pusieran pie en tierra firme.

No se dio cuenta Don Cuco del descontento que aquello provocaría entre la población y sus vecinos, sino hasta que regresó al centro del pueblo donde en el merendero esperaban varias familias al grupo de músicos que con sus instrumentos de viento, acompañarían sus sagrados alimentos. ¿Qué les hizo don Cuco? ¿’Onde andan? ¿Fueron sus tropas? ¿Cómo va uste’ a pasar a creer? ¡Venga ya! – grito Don Cuco a la multitud. ¡Todos callados! Y como no quería la gente se enterara de la deshonra de la que había sido objeto, bajo juramento de silencio de sus hombres y si lo rompen me los chingo y a sus hijas me las cojo, le dijo al pueblo que los Alemanes habían tenido que partir por urgencia de salud y que antes de salir, los habían entrenado a él y a su “ejército” en las artes de la música “‘ropea”.

¡Artemio!, ¡Sinforoso!, ¡Cienfuegos!, ¡Cronicon!, ¡Cicatriz!, ¡Osuna y Osuna Quelite! ¡Godinez!, ¡Cecilio!, ¡Pirato!, ¡Cipriano, MalaCara, y Fortunato!– les gritó a todos y cada uno de ellos, que “pres’ntes” respondieron sorprendidos y aún cargando su botín de guerra entre las manos, “¡a tocar cabrones, que el pueblo quiere música!”.

Unos a otros se miraron incrédulos, no sabiendo bien a bien que hacer, hasta que Fortunato mencionó entre dientes y con voz bajita, nervioso ante la atenta mirada del público, “’efe, no podemos porque me sobra un estrumento”. Tranquilo pues, que pa’ eso está la Euforina, y le lanzó tal mirada de reproche que aquella atinó a ponerse de pie, tomó la tarola y comenzó a tocar, rezando en silencio y con un miedo profundo que solo conoce la mujer que ha probado de otra colmena, y los demás al ver que el jefe empuñaba su arma, le siguieron en ese arrebato arrítmico ruidoso, asincrónico, energético y estruendoso, que el pueblo por temor, o por peor es nada, identificó como su nuevo sello musical arguendero y estrambótico, no obstante que todos sabían sus “nuevos músicos” no sabían tocar por nota.

Es esa pues, damas, nenas, caballeros y pescados, la verdadera historia de la Tambora, ruideral norteño que dícese tiene aun en día en sus mejores representantes a los interpretes líricos o de oídas y que dentro de su esencia le imponen ritmo, melodía, sentimiento, vida y energía a esa música que hoy en día todos los que nos jactemos de ser mexicanos, amamos y defendemos con orgullo, pues es el pulso de un pueblo y el instrumento que nos acerca como nación, además de que en su alegría y algarabía, hemos encontrado receta que mitiga nuestras penas y hace más placenteros nuestros momentos felices. ¡He dicho, yo Narciso Guisote y ustedes están de testigos! Y lo digo de nuevo que ya me voy: ¡He dicho!

Cuento para leer de noche


picture by tanakawho

O la Realidad No-Velada de los casimuertos

No mucha gente lo sabe, pero en todo nosocomio de regular tamaño del sector salud, existe una zona que se denomina en el vulgo hospitalario,como el Pabellón de la Muerte. Tal tenebroso es su nombre, que fosca es su finalidad también: ese es el sitio donde se coloca a los enfermos terminales, traumatizados desahuciados, quemados y amputados irreparables y en breves notas, toda aquella persona que médica y científicamente, no tiene oportunidad alguna de sobrevivir.

Es la necesidad lo que los creó y lo que los mantiene en secreto. Porque llegarán otros pacientitos que sí podrán recuperarse y para ellos se destinarán las existencias: cubículos de urgencias, cama en piso, quirófanos, agua, luz, medicamentos, materiales de curación y un sinfín de insumos, incluyendo horas/hombre de médicos, enfermeras y personal de limpieza. Nada moral, simple ley mortal del mercado: los recursos son siempre limitados.

Los cuerpos aún con vida, a veces sin brazos ni piernas, a veces sin media cabeza, o con tumores tan grandes que se mueven por si solos y sobresalen a la piel, siempre inconcientes, son trasladados a este lugar de filtro entre un mundo y el otro, mientras a sus parientes se les comunica que están en terapia intensiva sin posibilidad ni permiso de visita.

Ya sea en el sótano, o en un galerón en apariencia abandonado, sin luz, ni monitores, ni personal y sin siquiera una sonda o un suero de glucosa, los casimuertos llegan al Pabellón de la Muerte y son acomodados donde haya lugar, a veces en camillas destartaladas, otras tantas, en petates sobre el suelo vil y frío, o sobre algunas sábanas que toca lavar al siguiente turno matutino, pues han de saber que es durante la noche donde la gran mayoría se extingue.

Aunque no lo crean o lo pregunten a cercanos que trabajen en estos hospitales y ellos mismos nos nieguen, los Carontes existimos en las profundidades de cada hospital de cada ciudad que tenga servicios médicos públicos de mediano tamaño. Nadie habla de nosotros porque es un trabajo maldito que alguien tiene que hacer mientras los demás prefieren no pensar en ello… Con sigilo, vistiendo ropajes azul obscuros, zapatos de goma y con tapabocas (para no ser reconocidos ni en este mundo ni en el otro), nos paseamos en las penumbras de cada piso y sección (urgencias, enfermería, dispensarios, consultorios, anfiteatros y un largo etcétera), seguidos a la distancia tan solo por la capitana de enfermeras y un pequeño cortejo de dos o tres camilleros, quienes ante el simple golpeteo de nuestro anillo contra la cama en cuestión, reciben la orden de trasladar al pobre ser elegido, a esta zona de la que somos guardianes únicos, para que vayan a bien morir o en extrañísimos casos, a sobrevivir por milagro de eso que no quiero cuestionar y que prefiero no entender.

Caronte es nuestro sobrenombre, porque como aquella figura de la mitología, elegimos entre la muchedumbre a aquellos que deberán cruzar el otro lado del río. No se sabe quien nos bautizó así, pero me parece la forma más adecuada de nombrarnos, aún y cuando fuera del hospital, podamos ser tus vecinos, amigos, compadres, e hijos.

Déjolos ya pues, que es mi turno de entrada, mi compañero de tiempo vespertino va de salida y aún necesito calzarme mi filipina obscura y mi tapabocas para no ser reconocido. Quizás entre sueños algún día me veas merodeando en silencio por ahí, y yo te guiñaré un ojo, esperando comprendas -y puedo apostar mi vida y eso que convivo con la muerte todos los días- que ningún Caronte sabe cómo es que estudiamos medicina para salvar vidas y terminamos absortos por las necesidades económicas y la burocracia, desempeñando esta labor proterva, que es tan necesaria e inevitable como la limitación de recursos y la muerte misma.

La nueva Realidad Novelada de Narciso Guisote o la Confraternidad del Cafetín

Desde hace casi medio siglo, se reúnen una vez al mes en el más absoluto sigilo y con la más absoluta discreción. Sus figuras circunspectas y descuidadas, sus vestimentas más ordinarias que comunes, y nadie -más que el ojo avezado en conjuraciones como el mío, el mismísimo Narciso Guisote– imagina en realidad lo poderosos que son…



Yo sin embargo, que conozco de estos asuntos, puedo decirles que ahí están y existen, y si duda ustedes o cualquier valiente que dude de mi honorable palabra que es de hombre enhiesto y de buenas costumbres, los pueden ver con sus propios ojos, cada viernes último de mes, haciendo fila modosamente -como cualquier hijo de vecino chino- en un cafetín del Barrio de Coyoacán; los distinguirán inmediatamente, pues son tres hombres que solían ser más, con cara de sabios canosos (o viejos decrépitos, dependerá de cada quien) que llegan juntos, hacen fila en silencio, y no hablan ni una palabra sino hasta que café en vaso desechable y churro en mano, se encuentran a algunos pasos de ahí, bajo la sombra de un sauce llorón que en épocas mejores fungía de mingitorio canino y almohada de soñadores enyerbados que prefirieron el sueño a la clase chauvinista-capitalista de la universidad…

Y lo que ahí sucede, es secreto juramentado bajo el pésame de los más terribles ceños de tortura, que yo he logrado averiguar con mi percha de decencia y decidido con valentía abundante, revelar porque es mi deber y bien es mi función dar a conocer al mundo las conspiraciones diabólicas que traman los que están aliados con políticos y de las que los ciudadanos debemos librarnos para el bien de la democracia americana, la libertad de la humanidad y el sueño de Bolivar (que me han asegurado fuentes fiables, sigue vivo y le cuesta dormir tendido por su muy avanzada edad).


¿Ha escuchado Usted de la “Ley Televisa”? ¿De la honrosa confiscación mordaza de los opulentos proyankis de RCTV que hizo el valeroso Chávez? ¿Conocen sus razones? ¿Los fuertes intereses que ahí menean cual reata diestra de charros, los del argento que nunca pierden salvo que algo ganen a cambio? ¿Pues eso es guano de vampiro rabioso de Transilvania comparado con lo que mueve los hilos de este país y esta ciudad! ¡N-A-D-A similar a lo que le pienso revelar!… ¿Está Usted listo para comprender? ¿Para poner atención? ¿Para más allá de oír, escuchar la verdad?

Bien y entonces comprenda lo que yo sé a cuestas de la vida propia, guiado solamente por el ideal desinteresado de abrirles los ojos a los ciegos de la verdad: Tengan cuidado, que detrás de ese perfil inofensivo colmado de canas y pláticas discretas, no denotan el poder que en realidad detentan… Aquellos tres, son a quienes los servidores públicos y polóticos honrados temen, y los que nos tienen a su merced completa.

Sí, compañero, compañera de lucha, aquellos tres tienen el poder secreto, completo, de manipular a despabilada y siniestra según les mande el placer -o el interés- que conlleva el guiar el inocente destino de miles y millones que nada imaginan porque su vista no llega más abajo de sus nalgas que cuando se sientan a defecar… Dicho sea de otro modo: nadie lo creerá, pero usted y yo les debemos buena parte del día, risas o lágrimas, ataques de pánico, pérdidas millonarias o ganancias de centavo, gritos y golpizas y hasta la vida o la muerte de cualquier momento en cualquier lugar.

Son esos tres, a los que llamo la Confraternidad del Cafetín, los empleados del gobierno federal que planean y manejan el tráfico de la ciudad. Sí, amigo, amiga, no se sorprenda y mejor comprenda. El más alto de ellos, sentado en una triste y pálida oficina gubernamental, en el sótano de un antiguo edificio del centro, es el responsable del mapeo de la ciudad. Sin su consentimiento, una calle no existe, una salida no se conoce, no se publica jamás. Imagine pues un laberinto de ratas, ¿cómo imagina al que decide poner y quitar barreras?… Cada recoveco, cada calle con o sin salida, cada banqueta, cada cloaca y callejón de la obscuridad, dependen de él desde años atrás. Dícese por ahí, que tiene una ruta secreta para llegar a su casa en cinco minutos atravesando toda la ciudad? ¿No me lo cree Usted que tiene cara de incrédulo? ¿Aún tiene sus dudas?

Bien, pues el otro, el que verán más barrigón de todos cuando se atrevan a buscarlos, que a veces compra hasta dos o tres piezas de churros, es el que tiene en sus manos la autorización de la localización de las paradas de micros, peseros y autobuses y sus rutas; las pone delante de una curva que desemboque en avenida principal, en un tercer carril para que tengan que dar vuelta a la izquierda de inmediato invadiendo los otros carriles y sacando de curso a cualquier automovilista temerario, las pone en las calles donde hay solamente dos carriles, las pone justo antes de cualquier semáforo, o en el cuello de botella de las varias autopistas que entran a la ciudad; una parada de pesero unos metros delante de la parada de los microbuses, y éstas, a unos pasos de las de los camiones; unos se bloquean a otros, toman el siguiente carril, compiten por el pasaje, chocan, invaden trayectorias, detienen el tránsito… ¿O acaso tiene Usted otra explicación a que todo ello está tan diabólicamente sincronizado? ¿Verdad que no? ¿No es cierto que sus mentes comienzan a ver la chispa de la luz?…

Pero espere, no se vaya usted, falta el que forma la triada, déjeme explicarle, el triángulo perfecto… Es el de la barbilla partida y que no se distingue sino porque se cubre la calva con un tupé que se reconoce a metros de distancia luz del sol. Sí, aquel es el que diseña desde la comodidad de un escritorio de metal, el sentido que debe llevar cada calle de esta megalópolis. Tarea titánica que cambia a conveniencia, y de un día para otro sin aviso ninguno; encontrarán un buen día que la ruta de su diario devenir se ha visto forzada porque el sentido de la calle mutó. ¿No es cierto lo que les digo? No le importa el flujo, el desemboque, ni siquiera las calles conoce… pero eso sí, conoce a detalle el caos que provoca, los tiempos, las congestiones viales.

Son los tres, herederos de esa burocracias desquiciada que deciden que hacer con nuestras vidas, horas al día, y que una mañana maldita se dieron cuenta del poder que juntos poseen, y que caro han decido vender su amor. Miles de millones, eso es lo que trato de advertirles, amigos, compañeros, mexicanos. Falta poco tiempo; es una conspiración, llevan casi cincuenta años planeándolo. Son las piezas del rompecabezas que poco a poco acomodan, una estación de microbús aquí, otra de camiones allá, ésta calle que la borramos del mapa y la cerramos, aquella la hacemos privada, cámbiale el tráfico a esta avenida, haz esta otra de un solo sentido, y en este punto, aviéntale en contraflujo… Y un buen día llegará el momento en que vean su sueño hecho realidad: la ciudad colapsada, cual infarto masivo, ningún coche ni para delante ni para atrás. Y la gente desesperada, abandonará sus vehículos y pertenencias, y caminará de vuelta a casa, no habrá comida ni agua embotellada, robos de tiendas y dispendios de cerveza, días y días pasarán; y entonces tendrán las autoridades locales que traer grúas y equipos e ingenieros extranjeros para ver cómo desenmarañarlo todo, usar visión satelital; localizar en qué punto, qué vehículos levantar al aire para poder comenzar a destrabarlo todo… ¡Escuchen, no se vayan! ¡No estoy loco! Días y días pasarán, y entonces, los medios de comunicación distraídos, el gobierno espurio aprovechará la sinrazón para levantarnos las enaguas y vender PEMEX y la Comisión Federal de Electricidad… Esperen, esperen, no se vayan, les juro que es verdad, lo hemos analizado gente sapientísima en la asamblea de barrios con ayuda de unos analistas Cubanos… Esperen, esperen, ¿quién se une a la lucha, quien ayuda a evangelizar esta verdad del pueblo? No estoy loco, no se vayan, les juro, les doy mi palabra de hombre enhiesto y de buenas costumbres, de que todo lo dicho es verdad…

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  • Para más humor, lea también: La larga Realidad Novelada de Narciso Guisote y la fundación del Nuevo Gabinete de México

  • Cuento del día Internacional de la Mujer

    anotaRNSe llama Antonia, y eso es un punto negativo. Tiene 79 años y con eso ya van dos. A parte de ser mujer y anciana, es parte de una etnia, de una minoría; indígena de sangre y cultura, tres puntos. El cuarto punto negativo, para considerarla “endeble” ante la sociedad y autoridad, se lo otorga su lengua: el náhuatl; no comprende el español.

    Puntos simples como un punto, y llanos como números de uno en uno que sumados llegan apenas a cuatro, son los que la hacen producto de abusos y de discriminación. Entre tres o cuatro de estos caracteres inútiles,son los que la hacen diferente de ti y de mí.

    Se levantó temprano, al alba, como está acostumbrada. De su wilil o canasto, sacó una empanuchada: amasijo de pan relleno de piloncillo. Y de una jícara, sacó agua en su tazón de peltre y la calentó con leña, para prepararse un café soluble que guarda en un viejo bote de bordes oxidados. Fumó un cigarro de papel de arroz y tabaco negro, y se aliñó su atuendo: refajo de color negro con rayas rojas y una blusa de popalina bordada a mano, además de una faja de manta -igual que sus calzones- que ocupa para ajustar su vestimenta.

    De una astillada repisa que le colocó uno de sus nietos a manera de rústico altar, bajó uno de sus halsitnit, santo local figurilla de papel, al que besó para que cuidara a su pequeño rebaño -constante de dos cabras y una vaca flaca- de las barrancas, tigrillos, jabalíes y cañadas traicioneras.

    Quitoa in icuac in cacoya, quinextia miquiztli,

    cocoliztli; miquiztetzahuitl. In aquin oquicac

    azo ye miquiz; azo tlacihuiti; azo tlatlatzihuiti.

    Como en cualquier parte alta de la Sierra Veracruzana, hoy tampoco toca baño porque la semana ha estado muy fría de anticipado; se salpica con la mano, algo de agua en la cara, mucha neblina para los que se despiertan con la caída de la luna.

    Al salir de su casa, situada sobre un asentamiento del alto monte, lo primero que mira es la Iglesia de la Villa, asomándose entre la niebla, y al sentir un escalofrío se persigna. Vuelve por el machete, como si hubiera presentido algo, bien dicen por allá que “sirve pa’ limpiar la milpa o pa’ cobrar cualquier agravio”.

    Tomó ruta por la falda de la gran loma, ahí por donde los árboles acarician el cielo, con machete al cinto, pepitas para entretener los dientes viejos y una vara de árbol recio para pastorear y contener a su ganado, ganado del matrimonio de una de sus hijas y de trabajar duro al quedarse viuda hace ya tantos años.

    Cogió el camino de siempre, acompañada sola de sus pasos y sus animales, a saber: la Ernestina, la cabra más joven y terca, la Cata, cabra vieja buena productora de leche, y la Sidronia, vaca flaca a quien le hablaba seguido y con quien había bien congeniado. Se acordó que uno de sus hijos iría a visitarla desde la laguna de Chautengo, como a una hora de camino, donde viven de la pesca porque nunca les gustó el arado.

    A lo lejos escuchó un pesado motor batallando por vencer la serranía, por lo que se apresuró, con esa lenta habilidad que tienen los viejecillos que toda la vida han andado a guaraches, para quitar a sus animales del camino, pero la Ernestina siempre terca, no quiso moverse por olfatear una lata tirada por ahí. Y entonces la zurró con la vara, y la cabra lloró fuerte, extraño, como llanto de tecolote le pareció.

    El camión hizo parada, y cuando volteó Antonia, ya estaba rodeada por un grupúsculo de hombres, cuatro o cinco vestidos de uniforme, verde. Olían a aguardiente y hierba, tenían los ojos desorbitados. Y le gritaron. Ella que no habla español, comprende que cuando le gritan cosas que no entiende, lo mejor es huir. Intenta hacerlo pero uno le mete el pie y le provoca un tropiezo, a los 79 ya no es cualquier asunto, fractura de cadera y no puede levantarse. El dolor es inaudito, el miedo también.

    Quitoa in icuac in cacoya, quinextia miquiztli,

    cocoliztli; miquiztetzahuitl. In aquin oquicac

    azo ye miquiz; azo tlacihuiti; azo tlatlatzihuiti.

    (Decían que cuando era oído (el Tecolote), descubría la muerte,

    la enfermedad; era augurio de muerte. El que lo oyó

    quizá muera; quizá termine; quizá se canse).

    Se llama Antonia, tiene 79 años, es indígena y no habla español. Cuatro puntos, los que la hacen diferente y por los que la evalúan y explican los ministerios públicos y derechos humanos en una clínica pública vecina. Cadera fracturada, golpes contusos en el cuerpo, mordeduras que le arrancaron el pezón izquierdo, moretón que indica estuvo maniatada, desgarro vaginal, pupilas anisocoricas que reflejan daño en el sistema autónomo, perforación del intestino grueso por múltiple penetración; infección masiva de hígado y vísceras; septicemia. En domingo 8 de marzo, ya entrada la noche, murió.

    Este es el cuento del día Internacional de la Mujer. El día que sigue siendo Internacionalmente, tan sólo un cuento.

    Art. Relacionados:

    * 8 de marzo Mujeres promoviendo el cambio.

    * Día internacional de la mujer en Wikipedia

    * Confirma la PGJ de Veracruz…

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    Cuento del día de San Valentin II, o la Realidad Novelada de un hombre como cualquier otro

    Durero, Melancholia I
    cuadromagicodejupiter

    Es curioso cómo juega la mente, cómo divaga, cómo detona en recuerdos -cuando se lo permitimos o las circunstancias nos obligan a compartir con nosotros mismos- ante cualquier estímulo. Por ello es que no valdría la pena ahondar en cómo o porqué fue que él comenzó a recordar detalles de Melancolía I, el famoso grabado de Durero, mientras espera frente al juez del registro civil.

    El cuadro mágico de Júpiter, donde las sumas en línea y columna siempre dan el mismo número, captó su memoria por un momento, pues se ha dado cuenta de que hoy es día 16 y el mismo número lo compone, símbolo de la buena ventura que juega gran papel en el grabado. Además, pensó sonriente sin darse mucha cuenta de lo que sucedía a su alrededor, un detalle interesante es que el artista inscribió dos relojes de arena, quizás para eternizar que dos tiempos son los que suceden, el de la vida, el colectivo de nadie en particular sino de todos, del mundo, de una era o cualquiera, y el otro, el tuyo y el mío, el de la vida vivida y vivencias, esas experiencias que nos dejan marcados por siempre y que hacen que la savia se separe del resto del cuerpo, que se insertan en la memoria particular, que nos sirve para medir y pesar la propia; a pesar de uno está en todo y el todo está en uno…

    Sin no mal recuerda, la clepsidra está a la mitad de su recorrido, significando la madurez, la plenitud, igual que la que siente hoy día, siempre en Durero la dualidad, siempre en complemento con ese otro ser, que ahora desposará ante la ley y sus seres queridos, los más cercanos, familia y amigos que los han acompañado durante tantos años.

    Se conocieron en la universidad, él estaba estudiando la carrera de administración de empresas y un buen día que fue aburrido a matar una hora entre clases a la cafetería, se encontró con sus ojos y sintió ese destello, nerviosismo y mariposas estomacales, esa química que sólo conocen los que alguna vez han encontrado al alma gemela, y que -aunque parezca ridículo- a partir de ese momento su vida no volvió a ser la misma.

    Es difícil para un hombre aceptarlo, pero nunca más se volvió a sentir sólo, un bicho raro fuera de lugar, sin compañía; nunca más se volvió a sentirse incómodo en alguna reunión, ni quiso volver a invitar a salir a nadie, comprendió por primera vez lo que es compartirlo todo, incluyendo sueños y miedos, esperanzas, gozos y desconfianzas. Aprendió lo que es dormir abrazado de alguien, sentirse tranquilo cuando después de un largo día de trabajo, se acuesta uno en una cama que se siente “bien”, que se siente llena, satisfecha.

    Primero fueron encuentros furtivos, el primer beso, no saber que pasará pues la relación no gustaba a sus padres, pero el amor terminó imponiéndose y al pasar de los meses, rentaron un departamento y se fueron a vivir juntos, y entonces se enamoró también de sus defectos; esos que no conoce nadie más y que son la esencia del amor compartido, propios y ajenos, como que le gusta comprar cuanto tupperware divisa en el super, que duerme en diagonal y con los ojos abiertos, y se acurruca rozando los pies uno contra el otro, llora con las películas dóciles, le jala las cobijas, disfruta de lavar ropa y cuando se aburre, de la pastelería, cuida de más a su familia, le habla a sus perros como si fueran humanos, se endroga en navidad, hace berrinches cuando no sabe que ropa ponerse, y no le gusta leer historias tristes.

    Todo eso es material de realidad novelada de cuento real de San Valentín, compartirlo todo, antojos, desvelos, enojos, una apendicitis, ahorrar por años para poder viajar, besarse con cariño, buscar después una casa, caricias eróticas, cambiar de trabajo, que ría cuando en privado le da nalgadas, organizar cenas con amigos, soportarse el mal genio, solitario o compartido, igual que el llanto y disfrutar observar como se desnuda la pareja como si nadie ahí estuviera, ir al cine, leer poesía, planear el futuro, reír a carcajadas bajo las sábanas, fumarse, conocerse, explorarse, reconocerse una y otra vez en un émbolo perfecto…

    Mientras todo esto reflexiona, no se ha dado cuenta de que ese ser amado, con quien ha aprendido lo que significa V-I-V-I-R, con quien nunca se ha sentido rechazado, ha llegado ya hasta su lado y que pronto comenzará la ceremonia. Es curioso que después de vivir juntos por años, hayamos decidido dar este gran paso, pensó. Sabe por cierto, que su relación no se basa en ningún papel, pero para él aún así es importante. Y porqué no, también es una etapa en la vida, tan importante, que todo mundo debiera disfrutarla. Además, quiere tener la certeza de que no le pasará nada si él falta, que su vida mantendrá su nivel económico, que heredará la casa, en fin, todo eso que compra y deja cierta seguridad para el ser más amado del mundo. Está nervioso como todo el que se casa, pero cuando toma su mano, se tranquiliza, se siente orgulloso, sabe que embonan bien, tal y como sus labios lo hacen cada vez que se besan, todo estará bien, y entonces se miran a los ojos, una mirada directa, abierta, de ese tipo de amor claro, profundo, sincero y correspondido que muy poca gente tiene la fortuna de conocer…

    – Te amo, Joaquín – escucha que le dicen en un tono suave, firme, seguro.

    – Y yo a ti también te amo, Gabriel- responde.

    Esta es pues, la REALIDAD NOVELADA de un hombre como cualquier otro, que decide unirse a su pareja como cualquier otra; de un cuento real de San Valentín.

    Si sentiste un escalofrío, si experimentaste cierta repulsión, si te quedaste anonadado, si no te gustó, es porque te sentiste identificado con la capacidad de sentir y de amar que tiene todo ser humano, sin importar sus preferencias sexuales. Y que sirva este cuento para que no te olvides nunca, que la comunidad gay está compuesta de seres humanos como tu y como yo, y por ende, se merecen el mismo respeto y derechos legales que cualquier otro. No discrimines, no seas intolerante. Feliz día del amor y la amistad.

    respeta-RN

    Links relacionados

    :
    * Alternativa promueve la Ley de Sociedades en Convivencia
    * Primer Matrimonio Gay en Mexico:
    * Aprueba NJ, matriomonios Gay

    Lee también, el Cuento del Día de San Valentín del año pasado

    Padre de nadie, hijo de nadie…

    Realidad Novelada de un Vagabundo o la puerta a un mundo oculto





    Imagen AristasWeBDesde hace meses tiene una herida en la frente que no le cicatriza; carne viva para las moscas que no lo dejan en paz. Dolor de estómago tan fuerte, que a veces nos siente las piernas o le cuesta trabajo caminar. Retorcer de las tripas, defecar donde se puede, incluyendo la propia ropa cuando la diarrea ya ni siquiera avisa.

    Fuma colillas de cigarrillos que se encuentra tirados. Ya no es hijo de nadie. Vive entre basura, hace años que no se baña, sufre de incontinencia urinaria, tolera a todas horas la repugnancia de cualquier ser humano y ya nadie lo reconoce como su hermano. Le faltan varios dientes. No supo como los perdió. Quizás fuera el cemento respirado, o el cemento de una banqueta en una caída que le hizo perder también la razón.

    No puede dormir y no duerme. Ya nadie lo registra como tío. Se la pasa tirado, refugiándose del frío y la lluvia, donde pueda, sea una coladera o bajo un árbol. Quiere dormir pero no puede, y no duerme sino hasta que pasadas posiblemente 48 horas, logra conseguir algo con qué drogarse y entonces sí, cae agotado y no despierta a lo mejor en un buen rato.

    Primo de nadie, bebe agua sólo de fuentes verdosas y charcos. No se corta las uñas; se las muerde. Las de los pies sólo cuando alcanza y puede. Ojala y se encuentre hoy colgado de unos cables de luz, un par de zapatos. Trata de sacar unos centavos limpiando espejos de autos con su camisa en un semáforo. Come lo que puede recoger de la banqueta, y hoy su almuerzo constó de restos de pan de una torta embarrada de mugre y grasa de carro; al menos no tuvo que peleársela a los perros que rondan las sobras de changarros… Padre de nadie, hijo de nadie, hermano de nadie, tío de nadie, preocupación de nadie.

    A nadie le importa que sin motivo alguno, cada semana, se lo lleve un carro de policía. Él trata de evitarlo. En esas extrañas ocasiones cuando está abstinente, cuando tiene una chispa en que reconoce la realidad, se prepara, se esconde, huye, pero lo alcanzan una y otra vez. Ya sea por cansancio, o porque no puede correr, o porque los glaciales comerciantes ambulantes lo señalen para que no les apeste a los marchantes, invariablemente, se lo llevan. A la misma hora, por lo regular. Solamente los sábados, y se pierde por un tiempo, y luego regresa y sin mirar con rencor a nadie, se acuesta sobre la misma cochina manta y cartón de siempre.

    De los testigos, no faltan los que piensan cometió un delito. Algunos, aún más ingenuos, creerán lo llevarán arrestado hasta que le retorne la sobriedad. Y tú, seguramente, hasta alivio sentirás, pues su olor, su presencia, su imagen, te hacen sentirte inseguro y te incomodan como a todos los demás.

    Lo que no se conoce, es lo que sucede después. Porque él tiene miedo, cada nueva ocasión, más y más fuerte. Se marea, el corazón le late despavorido, siente que se ahoga, la boca se le pone seca, tiembla, ruega, le dan náuseas y suda como caballo. De tener algo en el estómago, lo vomitaría o lo evacuaría, y es que hasta los animales saben cuando los llevan al veterinario; o al matadero.

    A las afueras de la ciudad de un nombre que no importa, por la salida a otra ciudad, pasando más allá de bodegas industriales, donde hay pistas ilegales de hipódromo y aún no llega el drenaje, se reúnen una vez a la semana en alguna inexplorada vereda, a penas una docena de policías, licenciados, judiciales, politiqueros y alguno que otro artista, iluminados acaso por la luz de la luna y faros de automóviles que forman un círculo para recrear un sangriento y entierrado coliseo, y los ponen a pelear.

    Peleas de vagos o vagabundos les llaman aquí. Bumfights, por allá.

    Una vez a la semana, la vida de estos miserables recobra valor; al menos para alguien más. Corren las apuestas. Cada quien lleva a su candidato a la pelea, si ganan, salvan la vida y el cinco por ciento de las ganancias siempre y cuando no pasen de 500 pesos. Si no, encajuelados los llevan a algún parque o callejuela y ahí los dejan acostados. Si mueren de frío o por la golpiza, da igual. “Gallo vencido, no sirve ni para hacer caldo”. Total, ninguna autoridad les hará necropsia porque no son nunca el primero y además, hay que decirlo, hasta asco les da.

    Explotan así los instintos más básicos, más animales; supervivencia sin importar lo que cuesta, golpear y fracturar por unos pesos, explícitamente nada que perder, morir o matar para seguir siendo miserables, que más da. La última vez, él no se pudo detener. No se dio cuenta de lo que sucedía sino hasta que los estertores de muerte asfixiada de su oponente, lo sacaron del transe animal.

    Pero hoy, todo cambiará. Hasta aquí. Hoy ya no más. Nadie sabrá porqué. Nadie se detendrá a investigar. Hoy, verá la torreta del carro de la policía y tomará una decisión. La vida no le vale. Y ya no quiere volver a tomar la de nadie. Besará su escapulario. Los ojos le brillarán un instante, recuperará la dignidad. Sonreirá porque en su locura logrará comprender de pronto, que su vida es suya y de nadie más. Y así, sin previo aviso, se arrojará a las vías del metro o a las llantas de un camión que irá cruzando la calle. Total, será una muerte inexplicable más, de esas que suceden en cualquier ciudad. Su cuerpo, nadie lo reclamará. Nadie lo extrañará. Si acaso, en las noticias un segundo en televisión le dedicarán. “Aproximadamente a las 13 horas del tiempo local, un hombre se suicidó arrojándose a…”

    Padre de nadie, hijo de nadie, hermano de nadie, tío de nadie, preocupación de nadie. La suya, es de esas miles de historias que suceden a diario y que a nadie, le importan un carajo. Padre de nadie, hijo de nadie, hermano de nadie, tío de nadie, preocupación de nadie… Punto final. Puto final.

    Actualización No quiero promover vídeos que se comercializan y venden, a costa de sangre de gente indefensa y que está mal de sus facultades mentales. Sin embargo, como muchos de ustedes me han escrito dudando de la existencia de asuntos similares, debo demostrarles que no sólo suceden, sino que se dan cerca de sus casas, en muchos países del mundo, incluyendo Alemania, Romania, España y Estados Unidos. Así que no, no es sólo un asunto del subdesarrollo… Pongo el enlace porque creo que tienen el derecho a saber lo que sucede en nuestros días, y especialmente, a lo que están expuestos los vagabundos y también, a lo que pueden tener acceso sus hijos/sobrinos/hermanos. Les advierto, son imágenes fuertes que no pondré directamente aquí, y que ciertamente, no son aptas para menores de edad. Personalmente, les recomiendo se abstengan de verlas…ejemplo

    Carta (irónica?) a los Reyes Magos II

    Ilustrísimos Reyes Magos:

    Gracias a que su actuación en el 2006 fue estupenda y hasta grandilocuente, se han bien ganado el chocarrero – aunque siempre harto respetable- título de Ilustrísimos Reyes, que bien han sabido utilizar la Magia para que el Peje no fuera presidente, y se consumaran otros tantos de mis deseos para el año que recién ha concluido.

    Basado pues en la experiencia de sus fuertes jornadas en estos días y del índice de efectividad de ir directo al grano, enlisto en hora lo que me gustaría me cumplieran para el próximo 2007:

    Para comenzar, les pido que a Ricardo Rocha no se le relegue nunca el episodio de la APPO, que para Don Quijote es – uno de los pecados que más a Dios ofende-, que Shakira me invite a su próxima presentación backstage, y que en Boca Juniors se olviden de LaVolpe y con un golpe de suerte mejor se vaya a entrenar a la selección de Brasil para que podamos vencerlos en el próximo mundial.

    Les pido también, si no es mucho inconveniente, que El Reforma abra una sección de blogs, y que el Clarín me invite a publicar regularmente; y un solo artículo anual en Le Monde sería fantástico, que me paguen los derechos en el banco de la Societe Generale para tener que ir a París a retirarlo, y de una vez ya entrados en gastos, que el dinero sea suficiente para poderme llevar hasta allá a escribir a Carlos Monsivais y la Poniatowska, para que con sus intervenciones políticas ya no nos avergüencen más…

    Cambiando de tema, les pido por favor que mejore el pésimo servicio de Nextel, y hablando de teléfonos, que Movistar logre presionar suficientemente a Telcel para que la verdadera competencia de precios en telefonía celular se de lugar, y ya entrados en el tema, que nuestros diputados legislen se termine el monopolio de Telmex, de Pemex, la CFE y de Sky… ¿será posible me concedan de una vez, que bebo y metacafe le quiten el protagonismo a youtube, y que los cuates del grupo Rebelde, en verdad cobren buenas regalías para que no hagan rico a un solo productor?

    Casi lo olvidaba, pero también sería importante, que en su nombre y el mío, le manden un magnánimo regalo al periodista propagandista Federico “Goebbels” Arreola, que fue de los que desde dentro del Proyecto Alternativo, conspiró para que perdiera AMLO la grande. Obséquienle también, si les sobra un poquito y no les genera problema, algo de dignidad, cordura y congruencia, para que comprenda que ni la fama a base de mentiras estulticias, ni los correos spam, ni Kamel Nacif, ni el dinero, lo son todo en la vida como tampoco lo es la publicidad personal.

    Por otro lado, les pido sus Majestades, un plantódromo oficial en el Distrito Federal para que no nos desquicien el tráfico cuando quieran, además de que tengan mejores diversiones que las montadas por el gobierno local, incluyendo juegos de feria, una sala de cine cómico dedicada al Dictar-Hugo Chávez, computadoras con Internet con página de inicio en la Jornada, y “online games” como el runescape, además de asoleaderos de balneario con alberca desinfectada diariamente, y baños de ambos sexos. Y todo esto, siempre antes y cuando, Ebrard mande por fin a arreglar el problema del drenaje profundo de la ciudad.

    Hilado pues las albercas, muy bueno sería también que Acapulco quedara más cerquita, pero si es mucho trabajo, mejor que encarcelen a los constructores de la autopista del Sol, que poco a poco se cae a pedazos mientras ellos viajan al mar gozando de aviones privados. Y hablando de dineros extrañamente ganados, que alguien me diga cómo es que comen los que mantienen el sendero del peje y que alguien me explique – además del spam que envían- qué es lo atractivo de meetic o myspace, y de una vez, que me averigüen quien escribió mi muy extraña biografía en la wikipedia, y ya entrados en menesteres, que le manden una agresiva tarjeta postal.

    Hablando pues, de peticiones raras, Ilustres Reyes Magos, les imploro que alguien me demuestre la existencia de un ovni, de la melliue mitocondria y de un goku maya, que el Juventus no deje de brillar, que el Universal Online se mantenga gratuito, que alguien decida incluir mis relatos en algún nocturno radioblog o podcast, y que para ello, Belanova me construya una rola jingle, y que la columna del pepe grillo siga siendo tan singular.

    Además, me gustaría que nunca más se produzca un big brother, salvo que incluya a Britney Spears, a la autista Paris Hilton, a Martina Higins y Lindsay Lohan con todo y su anorexia, y la casa esté dotada de sillas y salas altas, y todas ellas vestidas sólo con minifaldas… todo sea por no contradecir la moda en que las celebridades no utilizan calzones nada más por celebrar…

    Y ya entrados en el tema, ojala que Whitney Houston no tenga que subastar su ropa para comprar drogas, y hablando de eso, que a nuestros gobernantes también se les prenda el foco y mejor legalicen la mota para cobrar un fuerte impuesto pigouviano.

    Si no es mucha molestia, también deseo que regrese Disney Channel a la programación habitual, y que Pen&Teller tenga muchas más temporadas de su ácida y divertida crítica social. Y ya entrados en televisión, que el canal Sony se deje de dramas, fantasmas y violencia, y hablando de violencia, que ETA se deje de mamadas, que ya no maten más jugadores de la NFL, y que Valentín Elizalde sea ya sólo un mal – y aislado- recuerdo de lo que a los cantantes les puede pasar, y de una buena vez, que se resuelvan los crímenes de las muertas de Ciudad Juárez, y hablando de Juárez, que algún historiador se compadezca y le explique al Peje que el águila que utiliza no es el Águila de Juárez, sino primero de Ramón Audaucto Fernández y Felix, y después, del segundo escudo del Emperador Maximiliano (pero por favor, debo agregar, díganselo suavecito, que nada más le falló por casi 50 años). Y de AMLO hablando, deseo fervientemente que de una vez, se le acabe el dinerito que ahora está gastando en hacer una campaña de 6 años y que mejor podría ser utilizado en el infonavit o algún otro beneficio social que sea real.

    Por último, y como sé que se encuentran muy ocupados, les pido que en algunos meses cuando Bush vaya al baño, se acuerde de la horca de Saddam y accidentalmente se pellizque el escroto con la cremallera, y a partir de entonces, se arrepienta de todo y nunca más se enorgullezca en público, de haber podido por fin terminar – a sus 60 años- el libro del “extranjero” de Albert Camus.

    Por anticipado, ¡Muchas Gracias!

    Pd. Mi amigo Nery les manda sus respetos por haberle enviado su novia de faldas cortas e ideas largas…

    Recomendación: visita la “Carta irónica a los Reyes Magos I” (2006)

    Cuento de Navidad II o la Realidad Novelada de un empresario brillante (si yo fuera…)






    Para muchos, Madrid en Navidad puede ser una experiencia portentosa; conocer el Viejo
    Mundo, comer y beber estupendo, pasearse por la plaza de Oriente (el Teatro Real y los jardines del Cabo Noval que tienen gratos eventos culturales en esta época), visitar la actuación de la Escolan�a del Colegio Nuestra Señora del Recuerdo, u observar el espectáculo de pirotécnico de la Plaza de la Cibeles, son todas tradiciones por demás seductoras.


    También podráan visitar amigos, salir a cenar con la familia, visitar el “Nacimiento” o el “Belén” Napolitano de marfil de la Iglesia de San Gin�s del Siglo XVIII que se encuentra en el museo municipal de San Isidro, o entretenerse largas horas en la plaza mayor, en el mercadillo de gitanos que venden absolutamente nada importante pero todo interesante, mientras visten de pelucas y gafas.

    Sin embargo, para algunos mexicanos, este Madrid en esta Navidad, es símbolo simple y cruel de una axiomática e ineludible pesadilla, pues ellos, al igual que otros 12 mil viajeros, no podrán llegar a casa a celebrar la fecha con su familia. Nada de obsequios para los pequeños. Nada de hacer largas filas de compras, ni recordar con otros a los que se han muerto. Nada de adentrarse en el espíritu en turno, ya sea estrambótico consumista o de simple compartir momentos, sobremesas y mostrar fotos. Nada de abrazos ni brindis tampoco. Nada de reír en compañía, ni del infantilismo, ni de cantar borrachos hasta altas horas de la noche. Nada de hacer lo planeado desde hace meses, para lo cual se había ahorrado hasta el último centavo.

    ¿Compartir con la familia? ¿Cenar Tamales? ¿Cantar Villancicos? ¿Qué tal un Pozole? ¿Un baño caliente? ¿Pastorelas? ¿Pambazos? ¿Ponche con caña y tejocotes? ¿Dulces tradicionales? ¿Abrir regalos? ¿Atole? ¿Posadas? ¿Piñatas? ¿Tu propia almohada? ¿Pavo? ¿Bacalao? No. Nada. NA-DA. N-A-D-A. Y punto.

    Por obra y gracia de la divina Air Madrid, tendrán que pasar la Noche Buena maldormidos, acostados sobre periódicos para guardarse del frío, cuidando a ratos sus maletas, sin poder bañarse, comiendo aquellos empacados que venden las maquinas despachadoras, sorbiendo café a ratos, lejos de sus hijos, de sus padres, de sus hermanos, solos como se puede estar solo con alguien que ha sufrido la misma maldita suerte…

    -¿Por qué demonios no los suben a otros aviones?- se pregunta el empresario que va a cumplir -con cierto desgano- con una fiesta de la empresa que dirige.
    – Porque no hay vuelos ya, están saturados, y porque los fondos de Air-Madrid- escucha decir a la reportera en la radio, como si respondiera a su pregunta -están congelados hasta que los directivos de la empresa autoricen el movimiento monetario.
    – Qué barbaridad – responde el locutor principal, falsamente queriendo mostrar empatía… Ni hablar. ¿Es que acaso no hay alguna ley que les respalde en sus derechos como consumidores? Porque imagino, han comprado sus boletos desde hace meses…
    – Efectivamente- argumenta la corresponsal – y no sólo se trata de los mexicanos que viven acá que querían visitar a la familia en México, sino que hay cientos de turistas, estudiantes y amas de casa y niños, que se han quedado varados en el aeropuerto; personas que han perdido ya la oportunidad de llegar a Paris desde donde abordarían el viaje de regreso a su país, han perdido conexiones con otras aerolíneas, reservaciones de hoteles en otros destinos; millonarias pérdidas se consideran

    -Imbéciles- dijo en voz alta. ¡Se lo merecen por querer ahorrarse unos pesos! Y es que últimamente, su empresa aérea -la más antigua de México- se ha visto afectada por esta que llama competencia desleal, de las aerolíneas de bajo costo. -Ojala y lo padezcan a tal grado, que nunca más vuelvan a confiar en esas empresuchas-, dijo con recelo.

    En ese momento, su automóvil de lujo disminuyó la velocidad. Por alguna razón, el chofer, acostumbrado a escucharlo siempre sin tomar partido, sin dar signos de vida siquiera, orilló el vehículo y apagó la marcha.

    – ¿Sabe usted conducir? – le preguntó al empresario, quien anonadado, no le pudo responder -porque a mi me perdona pero en este preciso lugar lo dejo y le renuncio.
    – ¡Julián! – le espetó el jefe con cierta violencia -¡lleva usted conmigo 10 años! ¿Qué demonios le sucede?
    – Precisamente por eso se lo digo así, jefe. Usted me conoce, sabe cómo soy, y yo, no puedo trabajar para un pendejo.
    – ¿Perdón? – preguntó el empresario con una especie de balbuceo sorprendido, incrédulo del momento, acostumbrado a que todos sus empleados le temieran y nunca se atrevieran a importunarlo.
    – Como oye. Aquí me quedo.

    El empresario comprendió -acostumbrado al ambiente de negocios- que al menos en ese momento, no le quedaría otra más que ceder, que negociar con aquél, de hacerlo entrar en razón, pues sin importar el enojo que tenía, al no saber conducir el vehículo, no lograría nada -más que poner su vida en riesgo- despidiéndolo en ese momento.

    Además, en el fondo sentía la más grande curiosidad por conocer la causa que había provocado que Julián Gómez Rivera, el más cercano de sus empleados, el que soportaba largos desvelos y viajes, jornadas inhumanas y malos tratos, de buenas a primeras haya decidido tirar todo por la borda.

    – Venga, tranquilo, mejor dígame que es lo que le ha molestado- le preguntó adoptando una sonrisa confiada, un aire conciliador.
    – Ya le dije, yo puedo trabajar para un explotador, rudo, trabajador empedernido; pero nunca, para un pendejo- le respondió el otro, sin ceder ni un centímetro en su argumento.
    – ¿Es por mis comentarios de aquellos que no llegarán a su destino? – preguntó el empresario sorprendido, pero conocedor que de alguna forma, había dado en el clavo. ¿Es porque no podrán celebrar la navidad en sus casas? ¿Le pareció inhumano mi comentario?

    El chofer, Julián, suspiró entonces. Y respondió: Sí y no. Y antes de que me diga nada, déjeme me explico. Es muy triste que no lleguen a ver a sus familias, a sus hijos, a sus seres queridos. Yo me imagino en su situación, y no poder ver a mis nietos en navidad, sería terrible. Pero eso, no es el motivo de mi renuncia – recalcó. El asunto está jefe, en que me estoy dando cuenta de que está tomando malas decisiones, y por eso, mejor le busco en otro lado porque no podría trabajar para alguien a quien no respeto – además, el horno no está para bollos.

    – ¿A qué te refieres? – le preguntó, con sincera curiosidad, el magnate de las aerolíneas mexicanas.
    – A que está dejando pasar una oportunidad grandiosa de negocio- le respondió el chofer. -Yo siempre he confiado en que somos la mejor aerolínea del mundo, la más puntual, la más confiable, ¿porqué entonces abandonamos a los mexicanos a su suerte en España?
    – ¡Porque se trata de otra aerolínea!- le reprimió su jefe, con cierto aticismo.
    – ¡Por eso mismo digo! – gritó él también, como si estuviera diciendo lo más obvio del mundo y su patrón no pudiera ver más allá de sus narices -¡Imagine que habla usted a Lopez Dóriga, ahoritita, y le dice en el noticiero que como nuestra línea aérea siempre cumple, siempre es de confianza, hará un sacrificio especial por traer a estos mexicanos a casa para la Navidad!… luego les manda un avión y se los trae. ¡Imagíneselo!

    ¡Julián, eres un genio!, le dijo. Y así pues, después de platicado el asunto, tomó el teléfono celular y llamó a su segundo abordo. -Ricardo, te voy a pedir dos cosas. Primero, que le subas el sueldo a Julián, segundo, que me organices un vuelo a Madrid llevándote a la gente que dejó varada Air-Madrid en México, y me lo traes de vuelta con todos los compatriotas que se quedaron sin que nadie les respondiera. No hombre, ya sé que es costoso, pero hazme caso… Lo que vas a hacer, escúchame bien, es una campaña mediática, de que con nosotros SIEMPRE pueden confiar, dale publicidad en noticiarios, que va a ser navidad y están urgidos de noticias buenas, y allí, los que se quieran venir, que te firmen una cesión de derechos para que nuestros abogados demanden en su nombre a Air-Madrid, cobren sus boletos, gastos y perjuicios, y los quebramos en tribunales. Así, quedamos bien con los mexicanos, ganamos consumidores leales para toda la vida, hacemos una muy efectiva campaña de publicidad a bajísimos gastos, recuperamos el costo del transporte vía la recuperación monetaria del boletaje incumplido, destruimos a un competidor desleal y mandamos un mensaje a todas esas aerolíneas de bajo costo… y lo más importante, traemos a estas personas a casa para que celebren las fiestas… Sí, sí, lo sé, soy un empresario brillante- dijo antes de colgar y guiñarle un ojo a Julián, quien como desde hace diez años, se encontraba ya, siempre atento, detrás del volante…

    ¿Si alguien le escribió a Santa Claus, podrían pedirle que México tenga más empresarios brillantes?

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    * Actualización: Pilotos de Iberia se ofrecen a volar gratis para trasladar a los afectados por Air-Madrid. Vía: alt1040.