Archivo de January, 2006

Cuento Erótico I: A escondidas y en silencio




Con un inofensivo abrazo. Con una escueta felicitación, un mimo sencillo y antiguo que connota distanciado cariño… Con esta simple señal de afecto, él siente en su pecho los de ella y un fuerte latido que les atraviesa a ambos la ropa tan solo por un instante, con una leve y sinuosa respuesta del cuerpo sensible que muestra apenas un cosquilleo extraño por la piel completa: el burbujear en las vísceras, aumenta el ritmo cardiaco, los labios se tornan rojizos, uno a otro escucha de cerca el aliento entrecortado, y ella, con los pezones erectos, se hace consciente de lo que ha sucedido y se aleja deteniendo todo contacto físico…

Tan sólo fueron unos segundos. Los cuerpos apenas se rozaron. No se trató de nada extraño, piensa ella, mientras él intenta actuar como si nada hubiera pasado. Imaginan demasiado. Y aunque cada quien quiso hacer caso omiso de las señales, ambos lo sabían muy en el fondo: ahí sucedió algo. Ese algo intangible que les permitió oler el sensual e inusual nerviosismo en la esencia de la piel del cuello del otro. Ese algo que los llenó de cortas sonrisas de cortesía, simples miradas tensas a los ojos y pláticas vacías, hasta que – algo muy extraño- ella decidió tomar la iniciativa. Por ello, de la manera más egoísta y personal, se armó de valor y premeditadamente echó la suerte por ambos en una noche como esta, porque por las noches es cuando los instintos nos desbordan y bajo la penumbra fue que se obligó a dar un paso hacia adelante. Era algo que ella sabía tarde o temprano sucedería, era inevitable y ansiado, proveerse un gusto, ceder, dar y comulgar en el cuerpo contrario y codiciado, sólo bajo sus reglas y sin esperar nada a cambio…

– ¿Está todo bien?- preguntó él con sorpresa cuando la encontró en su sala. Ella asintió y lo recibió con los ojos llorosos, aunque toda ella bañada con esa aura especial que dota de inviolable seguridad a aquellas mujeres que han tomado una decisión y no están dispuestas a dar ni un paso atrás. – No digas nada – le respondió con un susurro – he decidido amarte sólo por hoy y sólo en silencio – agregó como no queriendo dejar escapar la magia de un instante etéreo.

En mutis y aun asombrado, él se percató de la entrega desesperada e inocente, el deseo oculto y reprimido, sinuoso y extremo de aquella mujer que hasta hoy, había decidido callar la voz mientras su cuerpo ardía en el desenfrenado anhelo… Sí, sorpresivamente, la mujer siempre taciturna, tímida y controlada, se tornó valiente y atrevida, y como tal, le apretujó el cuerpo y después de asirse y desasirse como quien siente alivio por haber encontrado lo que buscaba por milenarias vidas, tropezó con su boca con un beso húmedo y con el alma temblando.

En respuesta, cambio de escenario y él comenzó por besar su largo cuello, subiendo por el mismo poco a poco, hasta que su nariz dio con esos misteriosos pliegues que le unen el cartílago de la oreja donde le plantó un suave y cálido beso que la hizo estremecer de pies a cabeza. Siguió entonces con su nariz y sus labios, la geografía de su suave quijada, gozando de su piel blanca con un andar seguro y un devenir lento, hasta que de nuevo llegó a su boca y bebió de ella como para saciar la pasional sed de ambos… pronto se encontró en sus finas y femeninas clavículas coronadas por una gargantilla de plata, y dándose el tiempo para verla a los ojos, regresó al punto y poco a poco comenzó a besarle el sitio, cada vez más abajo, desabotonando su blusa lentamente y observando las reacciones que el cuerpo obsequiado le iba mostrando: un poco de sudor, la respiración más aprisa, los senos llenándose de sangre y deseo, los ojos entrecerrados, y uno que otro gemido que expresaba descontrolado deseo…

Pronto pudo manipular sus pechos, redondos y pequeños, y percibió esa temperatura tierna que sólo conocen los que han palpado un seno sensible, natural, con el peso ideal que se discurre entre los dedos. En respuesta, ella desnuda en alma y cuerpo, se sienta vulnerable en el borde del sillón mientras él saborea la suavidad de la piel que siempre se encuentra oculta bajo la forma exponencial de cada busto, y en reflejo gustoso, ella arquea la espalda arrojando las tetillas hacia el techo que se blande sobre ellos.

Acto seguido, segura de lo que quiere y de no querer ser atrapada, como diciéndole en silencio, “vamos, no más juegos”, ella abre las piernas y las eleva un poco, tan sólo lo que le permiten las puntas de sus pies pequeños, como si con ello levantara su sensibilidad y se preparara para absorber todo el cielo en un solo punto, creando con ellas una V de victoria, de irse del mundo y venirse de vuelta, V de vos y voz, de virtud de piel, V de vértice perfecto que invita a entrar en el cuerpo, a fundirse en un instante, embistiendo lenta y poderosamente el cáliz del amor humano…


Pic by srsrkmr

Vulnerabilidad, sudor, entrañas, caderas, movimientos físicos acompasados y lentos, piel abierta y viva, cálida desnudez del cuerpo. Lo derriba al suelo y decide guiar por el resto del cuento, tomar el poder, escalar de intensidad, zambullirse sin arrepentimiento. Gusta del rozar de sus cuerpos, busca esa ternura ruda del amante que rasga las ropas pero disfruta lo profundo y lento. Contacto directo. Comunicación de cuerpo. Las manos de él en la pequeña cintura de ella, fervor de muslos, carne batiendo, latidos trepidantes, un baile íntimo y cercano, más calor en sus miembros, exaltación incontrolable y éxtasis lúbrico hasta que los gemidos rítmicos estallan en un movimiento terso, placer convulsionante, un fino temblar que arroja las cabezas hacia atrás y termina en un estremecer de vientres que baja poco a poco de intensidad…

Felicidad, complicidad, satisfacción orgullosa y propia, egoísta, y todo termina con un abrazo distinto del que ha iniciado, pues ella sabía que este sería evento de una vez y nunca más. Una sola vez para recorrerse el cuerpo, para experimentarse, y luego, jamás volver a hablar de ello. Nunca más proponerlo… Simplemente, dejar la noche atrás y para el recuerdo, porque por las noches es cuando los instintos nos desbordan y por eso los humanos de carne y hueso, hemos hecho de la oscuridad el momento para dormir, y para amar a escondidas y en silencio…

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Realidad Novelada de un DICTAR-HUGO

Tradicionalmente, bajo el umbral de la noche, no hay ninguna luz encendida en la casa del ilustre líder y presidente libertario, electo por la gracia de Dios y del pueblo de un imaginario país llamado “Estrellas de Bolívar Unidas”.

Tradicionalmente, nadie osaría hacer el más mínimo ruido en aquellas horas, pues saben que el dictador tiene el oído ligero y la conciencia intranquila; siempre temiendo un sorpresivo asesinato a sangre fría, que lo despierte un terminante golpe de Estado, una venenosa y mortal mordida de una serpiente ctónica o el furioso fantasma de Judas Tadeo Monagas blandiendo el sable que según la voz popular, mata el alma y deja al cuerpo en un coma inevitable. Tradicionalmente, todo estaría en penumbras y el personal dormido. Sin embargo, hoy es diferente:

El segundo círculo íntimo del presidente que son a saber: cocinero, chofer, sastre, módico y enfermera y uno que otro cubano, santeros y espías mejor conocidos como asesores de seguridad, están reunidos en la cocina de la residencia, a puerta cerrada y murmullos joviales, para celebrar al valet personal del presidente, que como cosa rara a diferencia de todos sus antecesores, cumplirá mañana seis meses en el cargo.

Aquel, es un joven capitán de la guardia nacional de andar recio y hablar poco, y una sobrada inteligencia y resistencia para cumplir cada una de las peticiones y extraños deseos del presidente dictador: ¡Capitán Angarita! ¡Consígame una cubana de cabello rubio, rellenita del culo y de peras chiquitas!... ¡Capitán Angarita! ¡Tráigame un suéter para mi compadre Morales!, ¡Un abrelatas cuadrado!, ¡Los calzones de la diva!, ¡Un Rolex Daytona! ¡Capitán Angarita!, ¡Un té helado de Miami!, ¡Una pelota!, ¡Una cazadora española!, ¡Mi manopla!, ¡Quiero un partido de fútbol donde le ganemos a un equipo de la liga española!, ¡Comuníqueme a Maradona!... ¡Capitan Angarita!, ¡Un crucifijo de plata!, ¡un frailejón de los Andes!, ¡un sombrero rojo!, ¡un cura comunista!, ¡un empresario marxista!, ¡leche de ulluku!, ¡el grupo Uff! para que me arrullen de noche!, ¡jugo de Noni para el vigor del castrista!... ¡Capitán Angarita, que me impriman de inmediato una constitución pequeñita!...

Por ello, es digno de celebración el motivo, aún a sabiendas del riesgo que corren de ser descubiertos, pues es importante presentarle al joven Angarita sus respetos, asegurar que el Presidente encontró la horma a sus zapatos, comentar anécdotas del tiempo transcurrido, y reír un poco bebiendo una lisa.

– Capitán – le dijo la enfermera en tono coqueto – es uste’ tan pero tan pero tan paciente, que sería un padre estupendo…

Como era de esperarse, las burlas no tardaron. Y las miradas cargadas tampoco. Pero justo cuando estaba otro de los presentes a punto de alabar sus dotes de asistente personal paciente y leal, se escuchó desde la planta alta de la mansión presidencial, un grito necio, como de niño en berrinche, que buscaba al celebrado Capitán Angarita. “¡Quiero un dulce de lechosa!”, se escuchó tronando la voz del dictador. ¡Válgame el cielo, pero cómo un dulce de lechosa tan tarde!, agregó el cocinero. “Vamos mi teniente”, le apresuró el joven militar, “cuando lo pide a media noche, es porque se le ha ocurrido una idea genial”... Así fue que todos se quedaron esperando al Capitán Angarita mientras iba a la recámara del auto nombrado prócer de la patria estrellada, muchos preguntándose cual sería el asunto que el dictador quería encomiar con tanta urgencia con un postre.

Cual sería la sorpresa de todos, que pocos minutos después se escucharon sordos disparos y golpes, y mientras asustados se asomaban por la puerta que les servía de resguardo, bajó Angarita corriendo y tropezando por las largas escaleras, tan sólo para intentar fugarse del enloquecido agresor.

– ¿Qué sucedió? – le preguntó uno de los cubanos mientras el joven capitán emprendía la huida como desertor. – Nada – respondió Angarita con alteración. – ¡Me dijo que Simón Bolívar le había ordenado en sueños aumentar una estrella a la bandera, y cambiar el escudo nacional pues el caballo se encontraba frenado y andando a la derecha, y sólo corriendo hacia la izquierda podría conquistar al mundo! – ¡Válgame Dios! – respondió la enfermera – ¿Y qué más sucedió? – ¡Pues que no pude aguantar la risa!

Y desde entonces, hace ya algo de tiempo, se desconoce el paradero del Capitán Angarita. Hay quienes dicen que está muerto. Aunque si uno averigua bien, hay en los barrios bajos quienes afirman haberlo visto con la barba crecida, maniático, escondido en una caverna de una cercana isla, repitiendo incansablemente una sola pregunta: ¿Dónde iremos a parar con estos locos?

La fábula es, niños queridos, que tengan cuidado con lo que desean, porque las novelas y cuentos se pueden volver realidad…

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Realidad Novelada de una Traición a México

Anoche durmió solo y por muy pocas horas. Hoy, hace un esfuerzo psicológico especial para levantarse de la cama. Porque hoy, se reunirá con el consejo político del partido que preside, y es necesario hacerlos despertar, aunque sea a gritos y sombrerazos… Ya tiene escrito su discurso político, pero mientras se mete a bañar, prefiere pensar en lo que les podría decir a todos a gritos:

“¿Por qué permitimos que nos venciera con la nariz roja y su caminar destartalado, y con cada una de las modelos/artistas de fantochería que se paga como compañía?... Porque no nos hagamos tarugos. Nos venció con su hablar torpe y con su actuar político solapado de empresario. Nos venció con su lengua arrastrada y rastrera. Nos venció con su impotencia sexual y su industria legitimada de piratería. Nos venció en esta primera batalla” pero eso no me preocupa. Jamás le he temido a una buena cruzada.

Lo que en verdad me preocupa, me aterra, es lo que vendrá después. De aquí a que se presente la resolución del IFE, la arenga se dará sin pausa ni respiro. Y por eso, me espeluzna la posibilidad de que nuestros argumentos, nuestra lucha y representación legítima, se vea diluida con las olas de información que se traiga encima el PRI o el PRD en estos días. Me preocupa, porque si los mexicanos no hablan ahora, no participan ahora, no denuncian ahora, me temo nos harán callar para siempre…

Si ahora, la voz común no grita, me pueden quitar a Patricia Mercado como candidata a la presidencia en el 2006, y entonces sí, la guerra la habremos perdido sin remedio y mis esfuerzos por crear este partido, serán como una pizca de sal en el mar salado. Porque si perdemos a Patricia, perderemos la Alternativa. Y si no hacemos algo, con su salida saldrá la izquierda deseable, la alternativa socialdemócrata y nos quedaremos sin esta corriente de izquierda que no cabe en la cresta de izquierda neofascista del PRD y su peje-duce.

Compañeros todos, México nuestro, mexicanos, ¡ayúdenme, carajo!... Estamos a punto de perder la posibilidad de construir un país que alguna vez divisamos, que todos deseamos. Ese México en pro de la igualdad y en contra de cualquier discriminación, ese México laico, liberal, de la izquierda, de los verdaderos ecologistas, estamos a punto de perderlo… Estamos a punto de perder la posibilidad de que una única mujer sea candidato de este penoso proceso electoral. Y con ella, se nos irá una fuerza política real y necesaria para el contrapeso de los actuales partidos políticos retrogradas.

Se los advierto. Si no hacemos algo, se perderá el equilibrio. Se perderá el liberalismo moderno. Se perderá la candidatura de protesta, de lucha política y lucha no por el poder a secas. También se perderá el México de una mujer que ha guerreado treinta años por algo en lo que verdaderamente cree, de una mujer que no vende sus ideales como otros postores e impostores políticos. Se perderá con ella, la posibilidad de un país más justo, menos Zapata y Pancho Villa y más México completo, de ideas, de la luz de las propuestas serias, de la razón.

Sí, ahora mismo se nos está destilando la alternativa contra el protagonismo, contra el actuar ilegal de los políticos. Se nos está escapando el futuro de los ciudadanos, de los universitarios. De los principios. De los intelectuales independientes, del campesinado que no se vende. Del derecho a un partido moderno que nos represente a los que no cabemos en los otros tantos.

¡¿Qué no lo ven?!... Nos quiere atropellar el México dogmático, que esconde intereses empresariales detrás de la sucia guerra de manipulación mediática. Y entonces sí, se habrá perdido la alternativa a un desarrollo sustentable. Se perderá la educación para el mundo globalizado y se regresará a aquellos estúpidos argumentos de si la globalización es lo adecuado. ¡La globalización es un hecho real nos guste o no nos guste!

Por eso, hoy les pido que rectifiquen. Porque si no lo hacemos, no daremos un paso atrás, sino varios. Y entonces, nos habrá vencido un viejo con actuar de botarga y mucha plata en el bolsillo. Con 50 millones de pesos, para ser exactos. Nos habrá vencido con sus carros elegantes y deportivos, con su avión privado. Nos habrá vencido como vence al fisco con deducibles gastos de promoción ridícula. Nos habrá vencido con un Consejo Político Federado ilegítimo y con el vicepresidente del partido… Y entonces sí, ustedes todos, serán copartícipes de esta traición a México…”

Escucha que tocan a su puerta. – Don Alberto, nos están esperando en la Guerra – dice la voz. Cierra las llaves y se prepara. “Ojala”, piensa mientras se viste y dirige al salón de reunión, “pudiera hacer realidad mi novela y pegarles a todos de gritos; ¡es una lástima que así no funcionen los consejos políticos!”

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