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Cuento de San Valentin o las aventuras del loco Don Tobías.

¡Espero lo disfruten!

Pd. Este vídeo esta magnífico

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Reflexion para los mexicanos en 2008

Tijuana

Por Sándor Márai

El escritor húngaro Sándor Márai se suicidó en el exilio en 1989, pocos meses antes de que las fronteras de Hungría se abrieran. Tras la caída de la Cortina de Hierro, su obra, vetada en su país esde 1948, se equiparó con la de los grandes escritores en lengua alemana. Uno de sus pocos pasatiempos, desde el precario refugio de San Diego, California, donde pasó los últimos viente años, fue viajar a México. Herido de muerte por la historia del siglo XX, Márai hace en este documento, que por primera vez se publica en español, un recuento de la afinidad que sintió por esa cicatriz abierta que es la frontera.

Gracias a Carlos Garza por el texto

A un lado de la caseta de la frontera está la aduana de portal abovedado y un letrero tímido, inofensivo, que informa con letras mayúsculas: MÉXICO. Esta puerta es el acceso a una tierra extranjera. Los vigilantes de la frontera de México son invisibles, la inscripción y la puerta, provincianas: una pequeña puerta a un inmenso imperio.

En la calle que lleva a la cercana ciudad fronteriza de Tijuana caminan los mexicanos con sus enormes sombreros. Por todas partes se ven grupos de peatones. Esta imagen es desconocida en el espacio norteamericano, el peatón es allí, incluso, sospechoso. Por las calles de Tijuana, en medio del desorden ruidoso, polvoriento, trepidante, en el calor pegajoso que huele a alcantarilla, siento que estar aquí es un instante especial de mi vida: se ha cumplido algo en lo que había pensado con frecuencia. No puedo decir por qué, pero siempre había querido venir alguna vez a México —como si aquí hubiera algo muy personal para mí. En la vida de cada hombre hay anhelos, invocaciones y estímulos así de nebulosos.
Todo lo diferente que me rodea es para asirse y olerse. Unos pasos más adelante, más allá de la puerta de entrada, que trae hasta acá desde Estados Unidos, está el exterior de las casas, están los alimentos y la expresión facial del los hombres “americanos”. Aquí, unos pasos más adelante, todo es por completo diferente —no es “americano”, sino mexicano. En esta ciudad fronteriza se mezcla permanentemente la vida de los dos países: a diario decenas de miles de mexicanos atraviesan la frontera para trabajar en las granjas y fábricas de Estados Unidos. En un lugar que desde 1821, cuando México se sacudió el dominio español, hasta 1843, cuando la bandera de las estrellas fue izada por primera vez en Monterrey, California, en ese entonces un espacio casi vacío, fue territorio mexicano.

En los últimos cien años esta tierra tan antigua, México, siguió con su vida, que tuvo su origen en los aztecas y los toltecas, y tomó su color de los españoles. Pues bien, al mismo tiempo el país vecino construyó una civilización. ¿Qué pasó en esos cien años donde yo estoy ahora, en México? Hay electricidad, trolebuses, muchos automóviles —y, sin embargo, todo es tan “diferente” como si en el país vecino, más allá del umbral, no hubieran pasado cien años, como si unos cuantos pasos más allá no se hubiera construido una de las sociedades industriales más desarrolladas de la humanidad. Este ser diferente es misterioso e inquietante. Aquí algo se detuvo. Una especie de poder lleno de secretos —¿quizá una forma de defensa?— mantuvo a los mexicanos a distancia de ese desarrollo que ocurría tan cerca de ellos.

La imagen de la calle es por completo del sur de Italia, recuerda a Pozzuoli, la sucia y pequeña ciudad cercana a Nápoles, y también a la ciudad de Calabria, pero es todavía más descuidada, ruidosa y abigarrada. En cada casa de la calle principal hay oficinas de abogados, localidades desde las que hombres de mirada sombría y cabello grasiento le venden la ley al pobre pueblo que no sabe escribir. La mitad de los habitantes son analfabetos, de acuerdo con datos oficiales. Treinta millones de hombres hablan español, algunos cientos de miles chapurrean aún dialectos indígenas.

Los hombres llevan sombreros de ala ancha. Su cabello lanudo, negro, grasiento, brota por debajo del sombrero. Numerosos son los rostros de ojos rasgados, rostros indígenas, mongólicos, huesudos. Las mujeres son mustias, macilentas, consumidas por los partos como las mujeres del sur de Italia. Las más viejas llevan un paño negro con el que se cubren la cabeza. Los niños corren descalzos por todos lados y hormiguean alrededor como niguas. El sol calienta fuerte, en el aire están suspendidos el polvo y la pestilencia. La mayoría de las casas son recién construidas, con mezquindad, en el estilo moderno, barato, que se deteriora rápido. Las tiendas están llenas de confecciones estadounidenses, pero también hay interesantes escaparates con vasijas mexicanas de cerámica cocida, con objetos de plata y colorida paja trenzada. Los hombres miran soñadores y agotados hacia delante —las mujeres, por el contrario, atentas, agresivas, preparadas para cualquier posibilidad.

Tengo algo en común con México. Ahora lo experimento con fuerza. En las décadas pasadas he pensado algunas veces en México con cierta nostalgia. Quetzalcóatl, el Señor de la Creación, y Huitzilopochtli, el Dios de la Guerra, son viejos conocidos míos, conservo copia de sus figuras. Aquí hay algo marchito, algo mortecino, sofocante, pegajoso, que humedece. Aquí la vida es barata, no sólo “barata” en términos de pesetas… De cuando en cuando veinte mil hombres estaban de pie, obedientes ante la serpiente del altar de los sacrificios y esperaban allí a que el sacerdote azteca, con su cuchillo de piedra, le sacara el corazón del pecho a miles y miles de víctimas —siempre sangre, lujuriosa sangre. ¿Qué me importa a mí todo eso? No lo sé, pero ahora siento con fuerza esta cercanía.

El olor en un autobús, olor a carne, olor a grasa, olor a aceite, el olor animal y cálido de los cuerpos humanos. Todos los lugares están ocupados. De la puerta de entrada cuelgan los hombres en racimos. Me siento junto a una muchacha joven de rostro hermoso, que lee un libro escolar en inglés y viene de San Isidro, donde acude a la escuela estadounidense. Está bien vestida y es pulcra y tiene ojos negros. Le dirijo la palabra pero me mira asustada y no me contesta. Con seguridad es una grave insolencia dirigirle la palabra a una muchacha. Este intento despierta la atención de muchos, en especial de las mujeres. Nos sentamos incómodos en la peste de un establo, nadie habla, ni siquiera los niños. Conozco este sosiego del sur, esta indolencia ferozmente narcotizada, y a la vez cargada de una tensión eléctrica. De la misma manera acecha la serpiente entre las rocas, preparada a cada instante para dar el salto mortal. Mi vecino del lado derecho, un hombre joven, me habla de repente con una risa maliciosa y saca del bolsillo de su pantalón unas monedas doradas, las presiona contra mi mano y me invita a comprarlas. Cuando se las regreso sin decir palabra ríe con ironía y mira fijo hacia delante. Allá, del otro lado de la barrera, sería impensable una escena así.

El paisaje es desierto y ondulante. Una calle lleva, por treinta kilómetros, al balneario de Rosarito. El vehículo avanza a tumbos entre las rocas. Piedras muertas de todo tipo, montañas calizas de color óxido. En Rosarito el hotel es un grupo de edificios encalados que recuerda a una mezquita árabe, en medio de un jardín tropical con palmas y cactos. A la puerta hay vigilantes armados, soldados. Gritan con vehemencia, corriendo por allí. En una tienda cercana, parecida a una droguería, explican los propietarios —un obeso matrimonio mexicano— sin aliento, que la noche anterior llegaron a Rosarito militares armados a bordo de vehículos especiales, procedentes de la ciudad de México. Asaltaron el hotel y lo rodearon, y pusieron contra el muro a todos los que se hallaban en la sala de juego. A los jugadores y los huéspedes, a los turistas estadounidenses de Hollywood, les quitaron su dinero y sus cheques —unos 40 mil dólares— y emprendieron una ocupación militar en toda forma: ahora los huéspedes duermen sobre las mesas de bacará y esperan al agente del ministerio público de Tijuana, que deberá decidir sobre el destino de los detenidos, porque “el juego de azar está prohibido”. Esa noticia me divierte. Si hubiera llegado la noche anterior, como lo tenía planeado, también me hubieran encerrado a mí, como a las demás personas, incluyendo a los espectadores.

Encuentro alojamiento en un motel cercano. Las construcciones en la costa están por completo despobladas. Un empleado y un perro me acompañan al cuarto, que tiene suelo de piedra y se calienta con gas natural. Desde el océano silba un viento frío. Por la tarde, de regreso a Tijuana. Los periódicos locales en español e inglés hacen del enfrentamiento en Rosarito todo un acontecimiento. Uno de los diarios locales muestra en la primera plana a los turistas víctimas de los hechos roncando sobre las mesas de bacará. Hojeo un folleto —lo conseguí en Los Ángeles. En él los propietarios del hotel en Rosarito, ahora detenidos, les prometen a los turistas en la primera plana: Rosarito Beach! Where modern conveniences and Mexican old world charm are happily blended. Los americanos que esperan allí seguro tendrán otra opinión sobre el “old world charm”. Aquí, donde en la cercana ciudad de Las Vegas hay toda una industria oficial del juego, les será difícil entender el valor de húsares que tienen los mexicanos.

La ciudad no es grande, pero tan hacinada como los barrios pobres de una gran ciudad. En las horas vespertinas puede verse todo en la calle. La escena se desarrolla como la copia de una imagen urbana de Nápoles o Sicilia: arneses para mulas, figuras de la Virgen María y lámparas votivas en los aparadores. En un mercado se apilan montones de frutas tropicales y verduras que huelen a la selva, flores de olor penetrante, narcótico, en una enloquecida mezcla. Una iglesia barroca, amplia y rematada con una cúpula, cuyos muros están pintados de blanco níveo y azul claro, está bien barrida, lavada y limpia. En los nichos se mezclan santos lastimeros. Los creyentes no andan caminando por aquí, más bien se deslizan de rodillas sobre el suelo de piedra.

Miradas peculiares: una anciana indígena con un paño negro me mira con ojos ardientes, salvaje y lúgubre, mientras permanezco de pie ante un altar cercano. También en otras partes, afuera, en la calle y en las tiendas, la mirada de las mujeres es brutal e incitante. No sólo las jóvenes tienen una mirada que desgarra, animal e inconfundible, también las mujeres viejas miran así bajo el paño que les cubre la cabeza y se enredan en el pecho, con la permanente disposición de la criatura para aprovechar cada posibilidad y asir cada pedazo… Pero el afán de lucro —la codicia— no habla por esta tosca mirada. Cuando las viejas culturas miran de manera tan incitante y observadora a los hombres no aguardan con impaciencia la ganancia, sino el azar.

En las callejuelas vespertinas el ruido es del sur, latino, un ruido de vocerío. Al mismo tiempo hay en el gentío, en la mirada de los hombres, en el colorido desorden, algo de desesperanza y de olvido de uno mismo. La gente es cortés y ríe siempre, pero las miradas súbitamente se vuelven oscuras y enfadadas, sólo sonríen los labios, los ojos bestiales, serios, brillantes, jamás. Sin embargo, detrás de la aglomeración ruidosa y por completo sucia hay cierto señorío latino, pagano y ese curioso “olor a muerte” del que habla Lawrence, domina todo.

Por aquí no se ven sacerdotes, ni siquiera una vez en la calle. Este pueblo profundamente católico y supersticioso es muy anticlerical, como el sur de Italia. En la casa de huéspedes cinco cantantes vestidos de toreros tocan con un instrumento de cuerdas una pieza musical, la “Danza de los viejitos”, de cansina melodía. Los elementos básicos de una merienda mexicana son difíciles de distinguir porque los ardientes chiles que se muerden dominan todo: pescado, carne, legumbres, todo arde en la boca como si se deglutiera fuego. El vino es una especie de Riesling, maduro y ligero, de sabor puro.

Hacia la medianoche en las calles de Tijuana las prostitutas llevan a cabo una verdadera inspección de la zona. Con dificultades puede uno quitarse de encima a los taxistas, sin embargo es conveniente esperar el autobús de medianoche porque no es seguro viajar en taxi por las calles de profunda oscuridad, que no alumbra una sola vez el claro de luna. A medianoche llega el vehículo mugriento, sin luces. Figuras que recuerdan a una gavilla de bribones duermen sobre los asientos. El recorrido de media hora avanza por un paisaje de montañas oscuro y vacío. Rosarito está oscuro como una boca de lobo pero encuentro alojamiento en dirección del ladrido de los perros. La habitación es gélida. En una esquina, sobre el piso de tierra, hay un horno de gas natural. Hace todo menos calentar.
Por la mañana me despierta el brillo del sol que resplandece con toda franqueza. Olvidé bajar la cortina de la ventana y el sol se lanza desde el océano como un latigazo. Directo frente a la puerta ruge la marea matutina del Océano Pacífico y el golpe de las olas esparce espuma en el umbral. La luz es tan salvaje que debo regresar a la sombra —me quema los ojos.

La costa está desierta. Sólo hay algunas palmeras y casas de barro. El sol quema ya desde temprano pero el viento y el aliento del océano hormiguean fríos como una ducha helada sobre un traje de baño muy caliente. En el comedor vacío del hotel me anima amistoso a comer y beber un cocinero chino, viejo y gruñón, que se contonea como pato.

Me dice que sus guisos son limpios y no debe temerse la “Venganza de Moctezuma”, la infección intestinal que ataca a los extranjeros. Es un hombre experimentado que sabe por qué temen los turistas los productos del campo mexicano, abonados con excrementos humanos. El cocinero sonríe con burla, cuando lo tranquilizo diciéndole que no dudo de la limpieza de su cocina, pero que las moscas de América central aún no conocen las medidas higiénicas y ensucian todo con sus contagiosos excrementos, no sólo los granos y las frutas, sino hasta los cubos de hielo. Alza los hombros, como si quisiera evitar con tenacidad cualquier disputa con los prejuicios humanos. Y me ofrece un maravilloso desayuno; el peligro de sus componentes no puede ser exageradamente grande.

Puede que tenga razón si se ríe de manera tan burlona. Pero también puede ser que la razón la tengan las autoridades estadounidenses, cuando en un pizarrón, advierten a los turistas, en la frontera con México, que está prohibido llevar frutas y verduras mexicanas a territorio estadounidense. El organismo humano desarrolla anticuerpos contra cada peligro de contagio, se dice desde hace tiempo. Pero no sólo las frutas y verduras crudas ofrecen una fuente de contagio, también las ideas, las nociones fijas, las visiones del mundo enfermas y maniacas. Es mucho más difícil desarrollar los antídotos apropiados para ello.

El perro del hotel espera ante la puerta y se me pega. Todo el largo mediodía, y también después del mediodía me acompaña por la costa. Es un animal pequeño y sarnoso, alegre y despabilado, con ojos inteligentes. Este perro es el único ser vivo que conozco en México, y un buen camarada. Nadie nos acompaña en la costa del océano. Frente al hotel todavía están en disposición cómica y feroz los soldados mexicanos armados, y vigilan a los presos de la mesa de bacará.

Con el perro paseo lejos a lo largo de la costa, en dirección a Ensenada, una localidad cercana más grande. Hacia mediodía, la marea decrece. Permanezco horas sentado a la sombra de un cerro de arena en la playa vacía; el golpe de las olas arroja siempre a la orilla nuevas conchas y caparazones, arañas de mar muertas, extraños crustáceos. Divertido, el perro juega con las conchas de los caracoles y los caparazones de los cangrejos. Luego se sienta junto a mí y observa largamente y sin moverse el Océano Pacífico, ese constante movimiento, ese poder feroz, terco, incesante, que nadie desafía, y siempre es blando, pero más sólido que cualquier material firme.

Con la bajamar vienen pequeñas aves acuáticas, picotean y buscan en la empapada arena de la costa. En el trasfondo pueden verse montañas desnudas de Karst. El sol brilla, pero el calor no quema, más bien calienta como una ligera cobija de franela. No está mal aquí, en México. Después de los años en Estados Unidos, experimento hace veinticuatro horas que no vivo entre proletarios, y que ese proletariado estadounidense con su nivel de vida tan alto es un signo curiosamente inquietante. Los proletarios y los pioneros de espíritu aventurero se apropiaron de América, aquí el proletario fue desde hace siglos un pobre ser que lucha, que bajo difíciles condiciones de vida alumbró un continente. La civilización engendrada a la velocidad del relámpago por la Revolución Industrial transformó todo de repente: en lugar del pionero proletario, en Estados Unidos hizo su entrada el proletario nuevo rico que se sienta en un gran automóvil, cuya casa llenaron grandes organizaciones con frigoríficos y televisores comprados a crédito, que jactancioso y atormentado a la vez, empezó a llevar su vida a crédito. Aquí, en México, hay mendigos, pero no hay proletarios. La posesión como hecho marca la diferencia social entre el dueño y el peón —y esta diferencia es grande— pero la línea divisoria entre los humanos ha cicatrizado. Lo siento por primera vez en años.

Hacia la noche voy por la zona urbanizada, siempre en compañía del perro. El animal se ha aferrado a mí a toda conciencia como un Cicerón que siempre quiere mostrar algo, y me acompaña por todos lados. Fuera de una escuela, cuyas ventanas están rotas, brincan muchachas y muchachos como pulgas del desierto que saltan en la arena. ¿Qué clases se ofrecen en esta escuela? La mayoría de la población de los países más grandes es ignorante. Es el segundo rostro de la gran pregunta de la actualidad. En el mundo masificado, ¿es posible educar con métodos diferentes a los que emplea la democracia? ¿Es posible seguir siendo un hombre íntegro en lo profundo de la mendicidad arrogante e individual?

Un hombre viejo de sombrero me conduce al final del pueblo, donde la oficina de correos trabaja dentro de una chabola. Es una especie de correo privado, como con frecuencia se les encuentra en el sur de Italia. La mujer gorda y el hombre de piel obscura, que despachan detrás de su mesa, son muy corteses, pero no tienen la menor idea de qué estampilla se necesita para enviar una tarjeta postal por correo aéreo a Europa. Al fin pegamos algunos timbres con buen pegamento. En esos instantes se siente de veras qué lejos queda Europa de aquí.

Regreso a Tijuana. A la luz del día, en la desnudez de la rutina cotidiana esta ciudad fronteriza electrificada, cocacolizada, ungida con las convencionales fachadas estadounidenses, muestra sin velo lo que las luces de la noche habían pincelado de manera incitante: a saber, qué poco ha cambiado en su esencia la vida en el transcurso del siglo pasado. El peón, cualquier hombre de aquí, vive siempre en lo profundo del debilitamiento provocado por la impotencia y la desesperanza que evocan la espesa sangre de las viejas razas, y la mezcla del clima y la enfermedad española llamada “mañana”, a la que es tan difícil escapar. El sentido de la palabra española “mañana” es una enfermedad indígena y española, una especie de helada morfina… Este gesto de incapacidad e impotencia, con el que suelen responder en instantes decisivos, en vez de hacerlo con un hecho, es peligroso.

En el siglo pasado ocurrieron muchas cosas aquí en México, una especie de Revolución liberó la tierra de una constitución feudal, pero no de la vieja sensación de la vida. Para esta gente el ahora no es una realidad, siguen confiando la política, la educación y las empresas creativas al día de mañana. El peón, el siervo endeudado de nacimiento, accedió a la tierra gracias a la Reforma Agraria, pero no la puede administrar de manera moderna. Según confesiones del propio gobierno, la Reforma Agraria en México fue un fracaso económico. Aunque está ocurriendo aquí, sin el poder técnico y de organización de Occidente, es muy difícil transformar a corto plazo la vida en localidades tan atrasadas.

Entre las luces brillantes el regreso a Estados Unidos transcurre por campos ordenados con cuidado. Quiero ir otra vez a México, a lo alto de las montañas, al verdadero México. Sin embargo, ahora me alegro de estar de nuevo aquí, en un autobús limpio, con aire acondicionado, entre tranquilos compañeros de viaje, entre casas bonitas, con restaurantes en las calles donde hay agua para beber y fruta qué comer. Me alegra experimentar lo protectora y cuidadosa que puede ser una civilización. Es una buena sensación regresar del México hermoso, salvaje, arrogante y lleno de peligros, a Estados Unidos, donde un conjunto de hombres fuertes, a lo largo del siglo pasado, entre circunstancias difíciles, alcanzaron el nivel de vida que los nativos de México no lograron realizar en el último siglo.

¿Estaremos listos los nativos de México -una sociedad civil más organizada- para comenzar a trabajar por un mejor nivel de vida en este 2008, o dejaremos que todo siga igual?

Día Internacional para la eliminación de la Violencia contra la Mujer

El día internacional para la eliminación de la violencia contra las Mujeres es este domingo, 25 de noviembre. Aquí les dejo un recordatorio, una Realidad Novelada (o no-velada). Léanla, ódienla, llórenla, vomítenla… pero sobretodo, hagan algo.

Love me tender

“love me tender”, pic by Mr. Negative

Realidad Novelada de una Mujer Golpeada (republicado)


fecha original: 24 Noviembre de 2005

Es una de esas mañanas de invierno donde estar bajo el sol quema la piel (más no calienta), y la sombra se mete fría hasta los huesos. Es una de esas mañanas donde se comienzan a observar adornos navideños en cada local comercial, y los anuncios de la radio se ven abarrotados de jingles. Es una de esas mañanas que bien podrían comenzarse con un buen café con poco de leche, dos de azúcar, un buen libro que leer bajo la ventana y un cigarrillo que disfrutar desde dentro de casa…

Y eso es precisamente lo que ella hace. Camina con lentitud, con calma, casi con dificultad. Pone la “danza de los espíritus benditos” de Orpeheus y Eurydice, y se cubre las piernas con una cobija de fieltro. Da un trabajoso sorbo al café. En las mañanas, es cuando tiene un poco de calma. Es cuando puede aprovechar el momento para estar a solas y distraerse de su terrible cotidianeidad.

Ella, se podría decir, es una mujer atractiva. Además de poseer una carrera y una maestría, disfrutar la lectura y conferencias, una mente reconocida como brillante, sus dotes físicos son notables. Joven como es, su cabello es grueso y liso, su espalda es recta y sus pechos generosos, la cintura pequeña y las piernas torneadas. Tiene las cejas arqueadas, los ojos grandes y claros, la nariz recta y fina, y la dulce boca, atravesada por un enorme y desagradable hematoma; de esos que duelen en la boca del estómago de nada más mirarlos…

Sí, ella que no sale de casa en esta mañana, es una mujer que sufre de maltrato. Ella es una más de ese gran numero de mujeres que son controladas, golpeadas, manipuladas. Ella es una mujer que a diario es insultada, menospreciada y criticada hasta por el más mínimo detalle, y lo que ella busca en esta mañana de invierno, es distraerse de su realidad, de su cotidianidad, del diario ser abusada por el hombre que alguna vez amó.

– ¿Con quien estuviste hablando toda la mañana? – le preguntó la tarde anterior, comenzando el vicioso circulo de agresiones.
– Con nadie, mi amor. Te juro que…
– ¡No te hagas la estúpida!- le interrumpió con brusquedad, con esa voz que siempre la persigue en investiga, con esa voz que demuestra furia, poder por fuerza, con ese tono violento que le provoca ir al baño a desasolvar las tripas sin control ni piedad.
– De verdad, amor, ¡te juro que con nadie! – no sabe cómo responderle. No sabe cuanto jurarle ni cómo convencerlo de que no lo engaña y nunca lo ha hecho. Es un hombre agresivo, dominante, al que ciertamente no quiere hacer enojar. Por eso empieza a llorar.
– ¡No llores! – le grita – ¡¿Qué me estás ocultando?! – la inquiere jalonéandola de la blusa. – Te conozco, pinche vieja puta, sé que cuando lloras es porque sabes que algo hiciste mal… ¡Eres una puta! ¡P-U-T-A!

Ella no pudo controlarse. Temblaba. Lloraba. Pensaba en cómo escapar de lo que no tardaba en llegar. Ni hablar de encerrarse en el cuarto, o de salir corriendo de la casa, porque la ultima vez que lo hizo, el castigo fue mucho peor. Entonces, su espíritu animal, el instinto más básico de supervivencia, la hizo hincarse en el suelo, meter la cabeza entre las piernas, abrazar sus rodillas y mascullar perdón. Suplicar clemencia por algo que no hizo, implorar compasión porque tal vez la empleada doméstica dejó descolgado el teléfono cuando lo limpió… y ella no se dio cuenta.

O tal vez, aquél sólo tuvo un mal día en el trabajo, o quiere demostrar quién es quien manda, o un pájaro le defecó el parabrisas del carro… Cualquier excusa es buena para celar, para encerrar, insultar, para compararla con otras mujeres y criticarla “¿Por qué no puedes ser como la esposa de fulano? ¡Ella sí es una mujer de mundo!… No, no quiero que tomes pastillas anticonceptivas. ¿Me crees igual que tú? Carajo, fíjate cómo le hace mi hermana. Pero si tu no sabes usar esos vestidos elegantes. ¡Se te nota el brassiere!… Estás gorda, eres fea, tonta, burda, tan torpe que no sabes ni planchar una camisa. Ya sé lo que quieres al ponerte ese vestido, ¡que te vean otros hombres!, ¿verdad? ¿A quien fuiste a ver al supermercado? ¿Ahí te encuentras con tu amante, puta de mierda?… Todo comenzó con un noviazgo de apodos, críticas algunas, celos varios, amenazas de matarse si lo abandonaba, arrojarle objetos suavemente cuando se enojaba. Y ahora, patada en las costillas, ella levantó la cara y golpe seco en la barbilla. Dejará marca por varios días. No podrás salir de casa. Es tu culpa, ¿qué no lo ves? Perdón mi amor, te juro que no volverá a suceder. Pero tu eres quien me provoca…

Ella es como cualquier mujer que puedes observar en una tienda, bebiendo un café, cargando gasolina, comiendo en un restaurante, caminando por el parque, recogiendo a los niños en la escuela. Pero en lo que es diferente, es que tiene en su vida este oscuro secreto del que no puede huir. Y vale decir que lo intentó. En reiteradas ocasiones. “Mire a su esposo, señora, está como un niño llorando de lo arrepentido, ¿porqué no lo perdona y se evitan todo el lío?”, le dijo alguna vez un Ministerio Público cuando lo denunció. Algo malo habrás hecho, le dijo su madre en otra ocasión. Y cómo ves, ¿sí eres muy coqueta?, le preguntó la psicóloga. A veces no nos damos cuenta… La amiga reflexionó sobre que perdería todo en la vida, te puede meter en la cárcel y quitarte a tus hijos… No te metas conmigo que llevas las de perder. Yo conozco a mucha gente influyente, la amiga de mi mamá, tu suegra, es subprocuradora de justicia… ¿Tu a quien conoces, puta?…

Ella ha decidido entonces, aguantarse, resistir, cargar su cruz. No quiere pasar más vergüenzas confesando lo que sufre. No quiere arriesgarse a que sus hijos se enteren. No quiere sufrir más reveses donde las autoridades ni seguimiento le dan a su caso. No quiere más que beber su café esta triste mañana de invierno, y leer un poco para olvidar otro poco lo que vive todos los días:

“(…) Y tendrás hijos que no sabrán nunca que eres mujer que sientes y padeces, sólo madre serás, su clara madre. Ignorarán las llagas de tu oído temeroso de oír noche tras noche, cuando se quedan la mujer y el hombre ante la eternidad en las tinieblas, una voz que no rima con tus pulsos, unas palabras que no sabrá nadie.(…)”

Sus ojos asoman unas lágrimas por el texto que acaba de leer. Sus manos temblorosas se tocan los labios adoloridos. Sí, ella es una mujer como cualquier otra, que vive esta pesadilla. Ella es una mujer que ya no quiere denunciar, que prefiere callar. Ella es una mujer que no tiene quien la defienda. Su nombre es un nombre común. Su vida, parece ser una serie de historias como la de tu mejor amiga. Sus sueños e ilusiones son los mismos de tu madre y hermana. Físicamente, se parece a tu hija. Esta es la triste y amarga realidad novelada de una mujer como cualquier otra.

Artículo Relacionado: Video campaña del INMUJERES. “El que nos golpea a una, nos golpea a todas”. (Da click en la imagen para ver el video)


La caminata nocturna de Alternativa Socialdemócrata por la seguridad y dignidad de las mujeres, se realizará el próximo sábado 24 de noviembre, a las 21 horas, de la Puerta de los Leones en Chapultepec, hasta el monumento al Ángel de la Independencia.

Test de posicionamiento ideológico

Lo encontré en sondemar y decidí hacerlo. Y estos fueron mis resultados:

Resultado del test

Gracias por tu tiempo. A continuación te presentamos los resultados y te explicamos la lógica del test.

En la escala tradicional de izquierda a derecha, siendo 0 la extrema izquierda y 10 la extrema derecha, estimamos que tu posición es aproximadamente 3.77.

En la escala liberal libertaria, siendo 0 el máximo colectivismo y 10 el máximo individualismo, estimamos que tu posición es aproximadamente 7.05.

En general, estimamos que la etiqueta ideológica que mejor describe tu forma de ver la realidad política y económica es: Liberalismo

Revista liberal – Test anónimo de posicionamiento ideológico

¿Cuales son los tuyos?

Querido Señor Presidente

Vídeo de la cantante Pink. Aprovechen para verlo antes de que lo quiten de la red.

Algo viene. China y sus reservas harán caer el dólar. Rusia presiona y apoya. El conflicto en Irak es insostenible. El petróleo a la alza, la comunidad Europea cansada de Chávez. Un fuerte corto monetario no va con tasas de interés que están tronando los créditos por allá… Algo vendrá.

Blow your mind

(vía eduardoarcos)

El Rey Juan Carlos de España contra Hugo Chávez

Después de que Chávez calificara al expresidente conservador de España, Jose María Aznar de fascista, el presidente Zapatero le recordó que aquél había sido electo democráticamente (muy distinto al realmente fascista y dictador venezolano -y miren que nunca he sido defensor de Aznar)…

Un amigo me dijo hace rato, que si pudiera ser quien él eligiera por un día, le gustaría ser el Rey de España Don Juan Carlos de Borbón, para poder callar en televisión internacional al Dictarhugo Chávez.

¿Qué opinas de la actuación de Don Juan Carlos? ¿Qué opinas de Zapatero?


Vídeo del Rey Juan Carlos de Borbón cuando decide abandonar la cumbre

Si yo pudiera ser quien yo quisiera por un día, no sería el Rey de España sino el Dictarhugo Chávez… para tirarme desde un rascacielos.

Ayuda para Tabasco / We need your help


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Video by Memoria (Gracias Memmoria!)

Mexico’s state of Tabasco has suffered a great natural disaster (some say, it is even worse than Katrina’s Huracan in New Orelans).

Unusually heavy rains have resulted in overflowing rivers and widespread flooding in Tabasco State in southern Mexico. Early reports indicate moren than 1.5 million people are affected by the floods; however, exact figures are difficult to ascertain as access to affected populations remains limited.

Preliminary regional reports indicate:

* 850 towns are flooded—approximately 70 percent of the state—with flood levels ranging from 2 inches to 36 feet
* An estimated 80,000 households have lost all personal property
* Nearly 30,000 people were housed in 269 shelters.
* More rain is expected in the coming days

Mexico has declared a state of emergency in all 17 municipalities of Tabasco State.

* The government of Mexico and humanitarian agencies are unable to reach many communities as a result of the flooded roadways and raging waters.
* Government of Mexico reports indicate that as many as 300,000 people are currently cut off from assistance due to the rising water.
* The Mexican government has issued flood alerts for the neighboring state of Chiapas and has begun evacuating communities in high risk areas.
* Priority needs include food, water, health care and basic relief items, such as hygiene materials and clean up supplies.

To help from ABROAD (thanks Margarita Almada for the info.)

Through Internet:

American Redcross:
http://www.redcross.org/news/in/profiles/Intl_profile_MexicanFloods.html

UNICEF USA:


Catholic Relief Services
:
http://crs.org/mexico/tabasco-floods/

Fundación Altius:
http://altius.org/tabasco/dona.html

Economic Donations:

Bank: BANAMEX
Beneficiary: Fomento Social Banamex AC
SWIFT: BNMXMXMM
Cuenta Clabe (Account): 002180010000001205

From the US:
Bank: J P Morgan Chase
City: New York
SWIFT/ABA 021000021 CHASUS33
Bank Account: 400047144BMSXMXMM
Beneficary Bank: Santader Account 65501313391
CLABE: 014180655013133911

From Europe:
Bank: Santander Central Hispano Madrid
City: Madrid
SWIFT/ABA BSCHESMM
ACCOUNT: 14884 IBANES 2200495494802310148842
Beneficary Bank: Santader Account 65501313391
CLABE: 014180655013133911

FROM LONDON:
NAME: Ayuda Tabasco 2007
Bank: HSBC
Account: 81408224
SORT CODE: 40-03-22

Thanks in advance for helping out!

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El desastre natural de Tabasco, ha sido considerado la peor inundación jamás sufrida en nuestro país. Se le considera, aún peor que lo ocasionado por el huracán Katrina en Nueva Orleans.

Se estima que el 80% de la población ha perdido su patrimonio. No hay agua, medicinas, alimentos, ni muchas otras cosas que se necesitan para el diario sobrevivir.

Por ello, por aquí les envío los datos para todos aquellos que quieran ayudar (como miembros privilegiados de la sociedad, creo que estamos obligados)

NUMERO GRATUITO para pedir informes sobre personas desaparecidas, albergues y demás: 01 800 123 15 15

Los teléfonos de Telmex para hacer donaciones son:

01-900-849-2828 /20 Pesos
01-900-849-4952 / 50 Pesos
01-900-849-3456 / 100 Pesos
01-900-849-3500 / 500 Pesos

Si no tienes activado el servicio 900 puedes activarlo llamando al: 01-800-123-4900

LA CRUZ ROJA PUBLICÓ UN LISTADO DE LO MAS URGENTE:
– LECHE EN POLVO
– PAPEL DE BAÑO Y PAÑALES
– MEDICINAS (SOBRETODO ASPIRINAS, PARACETAMOL Y CUALQUIER MEDICAMENTO PARA EL ESTOMAGO)
– ARROZ, ATÚN, FRIJOLES, AZUCAR, GALLETAS, CEREAL.

* NO LLEVAR ROPA A LA CRUZ ROJA. HAY QUE LLEVARLA A BERLIN NO.33 EN LA COLONIA JUAREZ.

PRODUCTOS A DONAR :
Agua embotellada, azúcar, frijoles en lata, sardinas, leche en polvo, frutas y verduras, alimentos enlatados no perecederos, toallas femeninas, cobijas nuevas, café soluble, aceite comestible, chocolate en polvo, alimento para bebé, atún, sal, galletas, pañales desechables, papel higiénico, ropa, medicamentos, analgésicos.

Relación de números de cuenta de Instituciones Bancarias en apoyo a damnificados de Tabasco

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Cuenta de acopio
Cruz Roja Mexicana

A nombre de: Cruz Roja Mexicana
Banco: Bancomer
Número de cuenta: 0401010115
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Banamex

A nombre de Fomento Social Banamex
Cuenta: 120, sucursal 100
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BBVA-Bancomer

A nombre de Fundación BBVA Bancomer 04
Apóyame 3
Cuenta: 0427692633
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Banorte

Cuenta: 27
Cuenta: Clabe 072-790 000000000270
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Santander

Cuenta: Apoyo a Tabasco
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Scotiabank

Cuenta: 00100911240
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HSBC

A nombre de Fundación Merced
Cuenta: 4025940156
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Banco Azteca

Cuenta: 01720115412160
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Ixe Banco, S.A.

A nombre de Damnificados de Tabasco
Cuenta: 7777777-8

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DESDE EL EXTRANJERO:

Internet:

American Redcross:
http://www.redcross.org/news/in/profiles/Intl_profile_MexicanFloods.html

UNICEF USA


Catholic Relief Services
:
http://crs.org/mexico/tabasco-floods/

Fundación Altius:
http://altius.org/tabasco/dona.html

Donativos en Dinero:

Bank: BANAMEX
Beneficiary: Fomento Social Banamex AC
SWIFT: BNMXMXMM
Cuenta Clabe (Account): 002180010000001205

Desde los Estados Unidos:
Bank: J P Morgan Chase
City: New York
SWIFT/ABA 021000021 CHASUS33
Bank Account: 400047144BMSXMXMM
Beneficary Bank: Santader Account 65501313391
CLABE: 014180655013133911

Desde Europa:
Bank: Santander Central Hispano Madrid
City: Madrid
SWIFT/ABA BSCHESMM
ACCOUNT: 14884 IBANES 2200495494802310148842
Beneficary Bank: Santader Account 65501313391
CLABE: 014180655013133911


Desde Londres

NAME: Ayuda Tabasco 2007
Bank: HSBC
Account: 81408224
SORT CODE: 40-03-22
¡Gracias, muchas gracias por ayudar!

J.S.Zolliker


POR FAVOR, DEN COPY + PASTE A ESTE POST Y PUBLIQUENLO EN SUS ESPACIOS (no, no es necesario que me citen).