¡Pinche Joto! – le gritó justo antes de darle una bofetada limpia, clara, de efecto expansivo y ardiente. El reportero intentó removerse el dolor del golpe, medio sentado en el suelo, la cabeza gacha, desorientado, aterrado, aún incomprendiendo lo que acababa de suceder. Los ojos de su agresor estaban enrojecidos, hinchados, mirándolo hacia abajo, como...
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