REALIDAD NOVELADA

Carta de Cárdenas a Poniatowska

16th September 2006

Carta de Cárdenas a Poniatowska

Mucho interés ha levantado la carta que envió el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas a la Princesa Polaca Héléne Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor (sí, es nobleza Polaca).

Por ello, les invito a que lean mi Realidad Novelada de una Maestra gordilla y un Ingeniero Cardeño... habla precisamente de este asunto. Fue escrito exactamente hace dos meses. Seguro será de su interés (y verán mi texto diferente ahora, porque parece muchos no lo comprendieron entonces…)

Para los que quieran el texto íntegro de la carta del Ing. Cárdenas a Poniatowska, lo podrán encontrar íntegro aquí , a través de Radicales Libres de Andres Lajous.

M�xico, DF, 13 de septiembre de 2006Elena:

En la edici�n del diario La Jornada (p�gina 8) del 10 de septiembre aparece una nota encabezada “Marcos y C�rdenas no apoyaron a AMLO por envidia”, en la cual se te atribuye, entrecomillada, la siguiente expresi�n: “Si estos tres personajes [en el texto de la nota se agrega a Patricia Mercado] se hubieran sumado, si no se hubieran echado para atr�s, no habr�a la menor duda del triunfo de L�pez Obrador, pero no lo hicieron por envidia”.

No me corresponde hablar de las razones de Patricia Mercado ni del subcomandante Marcos para haber adoptado las posiciones que adoptaron frente al proceso electoral reciente, pero puedo asegurarte que no fue la envidia lo que los motiv� a actuar como lo hicieron, sino que, entre otras cosas, s�lo ejercieron su derecho a pensar diferente.

En lo que a m� respecta, tu talento y trayectoria me obligan a darte una respuesta, obligadamente larga, de por qu� no particip� en la campa�a de la coalici�n Por el Bien de Todos ni participo en la Convenci�n Nacional Democr�tica, que empieza por decirte que la envidia no ha tenido lugar hasta ahora en mi conducta, ni p�blica ni privada, y que nunca me he echado para atr�s frente a los compromisos que he asumido a lo largo de una ya larga vida.

Con Andr�s Manuel he compartido por a�os prop�sitos y episodios importantes de la lucha por la democracia en nuestro pa�s. Nunca exigimos incondicionalidad ni subordinaci�n en nuestra relaci�n. El trato en los muchos encuentros de los dos, puedo decirte, ha sido cordial y respetuoso.

Mis desacuerdos o desencuentros con �l no son de car�cter personal. Las diferencias que existen entre ambos son relativas a las formas de hacer y entender la pol�tica y sobre algunos aspectos program�ticos, acentuadas, ciertamente, cuando se trata como hoy de los destinos del pa�s y a partir de que se iniciara el proceso que deb�a conducir a la pasada elecci�n del 2 de julio y respecto al cual ambos definimos con anticipaci�n y p�blicamente nuestras posiciones frente al pa�s y a la ciudadan�a, �l a trav�s de sus “20 puntos”, sus “50 puntos” y del libro Un proyecto alternativo de naci�n, yo mediante la publicaci�n de Un M�xico para todos, de autor�a colectiva. Aun con esas diferencias, mi voto fue por todos los candidatos de la Coalici�n, como en su momento lo hice p�blico.

Una de las discrepancias que resaltar�a de esas publicaciones es con relaci�n al juicio que hace, sin mencionar nombres, de la digna y firme defensa del principio de no intervenci�n y de la paz que hizo Adolfo Aguilar Zinser como miembro del Consejo de Seguridad de la Organizaci�n de las Naciones Unidas.

Al respecto, Andr�s Manuel escribi�: “Despu�s del triunfo de Vicente Fox, nuestra pol�tica exterior se ha conducido con desmesura. El resultado m�s notorio ha sido la afanosa intervenci�n en el Consejo de Seguridad de la Organizaci�n de las Naciones Unidas (ONU) que en la pr�ctica s�lo vino a complicar a�n m�s nuestra situaci�n internacional”, lo que me lleva necesariamente a preguntar si la pol�tica exterior de M�xico debe plegarse incondicionalmente a la de Estados Unidos con el fin de no complicarse y olvidarse entonces de la defensa de los principios, de tomar decisiones soberanas en funci�n de los intereses del pa�s y de la dignidad misma de la naci�n, que gobierno y ciudadanos estamos obligados a respetar y a hacer valer.

Se dice tambi�n en ese proyecto: “Los sue�os de ver a M�xico como gran protagonista en el concierto de las naciones son s�lo eso: espejismos protag�nicos para alimentar ambiciones personales que nada tienen que ver con el pa�s real”, lo que me lleva a pensar que se quieren desconocer los logros de la pol�tica exterior mexicana como, entre otros, la aprobaci�n por ampl�sima mayor�a de la Carta de Derechos y Deberes Econ�micos de los Estados, el reconocimiento del derecho de los Estados a su mar patrimonial o la participaci�n en el Grupo Contadora para lograr la pacificaci�n de Centroam�rica, que implicaron el despliegue de una gran actividad y si se quiere llamar protagonismo de la diplomacia mexicana.

Encuentro como una grave omisi�n de un candidato presidencial no tomar posiciones claras y p�blicas respecto a cuestiones importantes, tanto del momento como con consecuencias hacia adelante.

Puedo citarte los casos siguientes respecto a los cuales Andr�s Manuel no se pronuncia todav�a y que quienes consideramos prioritaria la lucha por el rescate y ejercicio pleno de la soberan�a y por la cabal vigencia de un Estado de Derecho estimamos fundamentales: no ha habido una toma de posici�n en relaci�n a los contratos de servicios m�ltiples de Petr�leos Mexicanos; tampoco respecto a la ilegal prisi�n y la extradici�n hace unas cuantas semanas de seis ciudadanos vascos.

Sobre la iniciativa Sensenbrenner, que de llevarse a la pr�ctica vulnerar� los derechos de miles o millones de mexicanos en exilio forzado en Estados Unidos; la mayor y excesiva militarizaci�n de la frontera com�n del lado norteamericano, que constituye, sin lugar a dudas, un acto inamistoso hacia M�xico; la iniciativa del �rea de libre comercio de las Am�ricas del presidente Bush y la propuesta alternativa de promover un acuerdo continental de desarrollo.

La iniciativa de ley de sociedades de convivencia, bloqueada en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en los primeros tiempos de su gesti�n; la falta de tacto y de oficio diplom�tico en las relaciones del gobierno mexicano con los gobiernos y Jefes de Estado de Cuba, Venezuela, Argentina y Bolivia.

Reconocer�s que en el c�rculo de colaboradores cercanos de Andr�s Manuel se encuentran algunos de los que instrumentaron el fraude electoral y la imposici�n en 1988 desde el gobierno, el Partido Revolucionario Institucional, la C�mara de Diputados y la Comisi�n Federal Electoral, que impuso la banda presidencial a Carlos Salinas el 1 de diciembre de 1988.

Adem�s, el que instrument� la privatizaci�n del Canal 13 de la televisi�n; el que ha declarado que el proyecto econ�mico de Andr�s Manuel es el mismo que el de Carlos Salinas; el que pretendi� promover la reelecci�n de �ste. Pero a ninguno, que se sepa, ha pedido Andr�s Manuel explicaci�n sobre su cambio de piel pol�tica y ninguno la ha dado p�blicamente.

Este mismo grupo es el que ahora, con algunas adiciones, acompa�a a Andr�s Manuel en sus nuevos proyectos y el de quienes podr�a pensarse que formar�an parte de su gobierno, que no ser�a por sus antecedentes y falta de deslindes, un gobierno identificado con los principios y las luchas del PRD y de manera m�s amplia con aquellos de la izquierda mexicana.

S�lo para argumentar sobre uno de los casos: de seguirse la pol�tica econ�mica del salinato, se proseguir�a con la enajenaci�n del patrimonio estrat�gico de la naci�n y con el desmantelamiento de la planta productiva, se pondr�a en pr�ctica una pol�tica entreguista en lo econ�mico y de subordinaci�n en lo pol�tico, se profundizar�a el desastre productivo y social del campo mexicano, se mantendr�a acrecentado el flujo migratorio masivo hacia Estados Unidos y se har�a cada vez m�s agudo el proceso de concentraci�n de la riqueza en pocas manos.

Por otra parte, no se podr� decir que no manifest� oportuna y p�blicamente mi desacuerdo con la postulaci�n por parte de la coalici�n Por el Bien de Todos, de la que el Partido de la Revoluci�n Democr�tica fue el eje, de candidatos con posiciones p�blicas contrarias a los principios del PRD, que nunca se deslindaron de sus pasados pol�ticos ni han explicado las razones de su traslado al PRD o c�mo concilian un pasado antag�nico con los principios del PRD al haber aceptado una candidatura de �ste, que no los representa por sus trayectorias y posiciones pol�ticas p�blicas.

Ah� est�n, como muestra, algunos que fueron candidatos y otros que ya son legisladores en funciones. En este caso, voces como la m�a y las de muchos otros que s�lo demandaban congruencia, fueron simplemente ignoradas.

...

En los �ltimos d�as de mayo hice p�blico un documento a trav�s del diario La Jornada denominado “Viendo hacia adelante: un camino democr�tico y progresista para M�xico”, en el cual planteaba algunas cuestiones que me parece fundamental que se lleven a la pr�ctica en el pr�ximo sexenio, que pudieran ser consideradas por los candidatos entonces en campa�a.

No merecieron la m�nima observaci�n, ni en sentido negativo ni en positivo, por parte del candidato de la coalici�n y la misma actitud de ignorar cr�ticas, discrepancias e incluso planteamientos coincidentes con su l�nea pol�tica recibieron muchos de aquellos que por largo tiempo han militado en el campo progresista.

Digo en ese documento y te lo reitero ahora que al no haberse dado relevancia a la presentaci�n y discusi�n de propuestas y compromisos por parte de los candidatos a lo largo de los meses de campa�a, se hace necesario insistir en pensar y discutir el pa�s que queremos, por encima de todo y antes que nada, as� como en cambiar radicalmente la forma de hacer pol�tica, subordin�ndola a un proyecto de pa�s y no a la simple ambici�n de poder o a la toma coyuntural de decisiones.

Entre las cuestiones b�sicas que no se discutieron en el ir y venir de las campa�as estuvo la continuidad de la reforma electoral, que despu�s del 2 de julio y ante los serios cuestionamientos que se han venido haciendo a la calidad del proceso electoral se ve a�n m�s urgente, ya que a pesar de los muchos cambios que ha sufrido la legislaci�n correspondiente, contin�a inconclusa.

La gente reclama reducir y transparentar los gastos de las campa�as; reclama que se llame a las cosas por su nombre, empezando porque las supuestas precampa�as se reconozcan como campa�as en la ley y en los c�mputos de gastos y tiempos electorales; reclama abrir la posibilidad de candidaturas ciudadanas que no tengan que pasar necesariamente por la aprobaci�n y gesti�n de los partidos pol�ticos.

Adem�s, facilitar el registro de nuevos partidos pol�ticos, sin que el registro represente acceso autom�tico a la asignaci�n de dineros p�blicos; restituir en la ley la figura de las candidaturas comunes; reunir en no m�s de dos momentos dentro de un sexenio, los procesos electorales federales, estatales y municipales; y establecer las dos vueltas en las elecciones, tanto presidenciales como legislativas.

En materia de reforma electoral, la medida m�s efectiva, aquella donde se encuentra la principal respuesta a las exigencias populares, la reforma m�s de fondo es hacer equitativos los tiempos en los que partidos y candidatos tengan acceso a los medios electr�nicos de comunicaci�n, as� como acotar los periodos en los que pueda hacerse propaganda dirigida al p�blico, prohibi�ndose a partidos, candidatos y particulares comprar tiempos en los medios electr�nicos televisi�n y radio comerciales y que �stos sean asignados por la autoridad electoral de manera equitativa.

Lo anterior para que no sea el gasto mayor o menor en la compra de tiempos lo que determine la mayor o menor presencia de las alternativas electorales que se ofrezcan a la ciudadan�a al trav�s de esos medios. As� se tendr�an campa�as equitativas y se lograr�a una reducci�n sustancial de los tiempos y las erogaciones p�blicas y en su caso privadas en las campa�as electorales.

Por otro lado, y tambi�n en relaci�n con la cuesti�n electoral, debe legislarse para prohibir que en la publicidad que se hacen las dependencias oficiales al trav�s de los medios de informaci�n televisi�n, radio, prensa escrita aparezcan im�genes y nombres de funcionarios, que si bien pudieron haber participado en la promoci�n o ejecuci�n de alg�n programa o proyecto p�blico, no hicieron sino cumplir con su obligaci�n y en su caso, con un mandato ciudadano, pues fue irritante y ofensivo en las precampa�as, como creo te consta, ver c�mo candidatos o precandidatos de los tres partidos de mayor presencia nacional, despilfarraron a lo largo del sexenio y hasta que dejaron sus cargos, dineros p�blicos para su personal promoci�n pol�tico-electoral.

Es necesario comprometerse con reformar la reciente y vergonzosamente aprobada Ley de Radio y Televisi�n, recuperando para el Ejecutivo la capacidad de normar la operaci�n de los medios de informaci�n electr�nicos con sentido de servicio p�blico y de equidad, abriendo las posibilidades, a partir de los avances tecnol�gicos en la materia, de otorgar nuevas concesiones a instituciones de educaci�n superior, gobiernos estatales y municipales, organizaciones culturales y comunitarias y sociedades comerciales sin v�nculos con los medios ya en operaci�n.

Es ya oportuno tambi�n convocar a la revisi�n, con sentido y procedimientos democr�ticos, de las bases y los t�rminos de nuestro pacto federal.

De esa revisi�n habr� de surgir la nueva Constituci�n que contenga la estructura y competencias de la Federaci�n, los estados, los municipios y de los tres poderes de la Uni�n, que considere los derechos ya ganados por los mexicanos, sus nuevos derechos y los procedimientos para que el ciudadano o las colectividades hagan exigible su ejercicio frente al Estado.

Una que est� concebida visualizando la presencia de nuestro pa�s en el mundo globalizado, que establezca los cauces para el tr�nsito de una democracia representativa plena, a�n por alcanzarse, a una democracia de amplia participaci�n social, as� como los mecanismos de consulta ciudadana, iniciativa popular y de revocaci�n de los mandatos, entre otras cuestiones.

Lo que hasta aqu� te he expuesto son algunas de las razones que a mi juicio determinaron el n�mero de votos que obtuvo Andr�s Manuel el 2 de julio. Por estas mismas razones no creo, contra lo que t� has declarado, que mi ausencia de los actos p�blicos de la campa�a haya provocado una dram�tica disminuci�n de las preferencias electorales a favor de la coalici�n. Seguir argumentando m�s sobre estas cuestiones, ser�a entrar a un terreno est�ril de especulaciones.
...
Yendo a otros temas, me preocupa profundamente la intolerancia y satanizaci�n, la actitud dogm�tica que priva en el entorno de Andr�s Manuel para quienes no aceptamos incondicionalmente sus propuestas y cuestionamos sus puntos de vista y sus decisiones, pues con ello se contradicen principios fundamentales de la democracia, como son el respeto a las opiniones de los dem�s y la disposici�n al di�logo.

Me preocupa, asimismo, que esas actitudes se est�n dando dentro del PRD y en sus cuadros dirigentes, pues se inhibe el an�lisis y la discusi�n de ideas, propuestas y alternativas entre compa�eros, m�s all� de que esa cerraz�n se extiende tambi�n a lo que pueda llegar de afuera del partido; que la conducci�n pol�tica y las decisiones tomadas despu�s del 2 de julio, como el bloqueo de Madero, Ju�rez y el Paseo de la Reforma excluyo la ocupaci�n de la plancha del Z�calo se est�n traduciendo en p�rdidas y desgaste del movimiento democr�tico en lo general y del PRD en lo particular.

Me preocupan los cambios contradictorios de l�nea pol�tica: a un medio de informaci�n norteamericano Andr�s Manuel le declar� no ser de izquierda, cuando hab�a declarado serlo a lo largo de precampa�a y campa�a. Por otro lado, el 10 de agosto pasado se public� en La Jornada una entrevista que hiciste a Andr�s Manuel en la que preguntaste: “Si llegaras a la Presidencia, �tendr�as que moderarte?”.

A lo que respondi�: “Si, la instituci�n te lo exige, yo lo har�a. Es m�s, durante la campa�a y hasta ahora no he dicho cosas que pienso sobre mi pa�s, porque me he autolimitado, porque mi rol es hasta ahora uno.Una vez que se resuelva este asunto [el conflicto poselectoral], ya veremos.

Pero muchas cosas me las guard� porque uno tiene que actuar de una manera cuando es candidato y, desde luego, actuar de otra manera cuando se es Presidente, y de otra manera como dirigente de resistencia social. Pero en cualquier circunstancia uno tiene que mantener sus principios. Es nada m�s un asunto de matices, de moderaci�n”.

�Por qu� entonces guardarse de fijar posiciones y hacer propuestas, cuando era precisamente en su calidad de candidato a la Presidencia cuando se ten�an que hacer definiciones que atrajeran con lealtad y orientaran con rectitud el voto de la ciudadan�a? �No es principio b�sico de un comportamiento leal y democr�tico actuar con transparencia y hablar con la verdad? �C�mo lo explicas t�?

En reciente documento suscrito por Andr�s Manuel se plantea que la convenci�n que �l ha convocado para celebrarse el 16 de septiembre “decida si el �rgano de gobierno y quien lo represente, se instale y tome posesi�n formalmente el 20 de noviembre o el primero de diciembre de 2006”.

Aqu� me surge la siguiente pregunta: si se considera que el gobierno actual ha quebrantado ya el orden constitucional �para qu� esperar al 20 de noviembre o al 1 de diciembre, por qu� no empezar por desconocer a la administraci�n en funciones, como sucedi� cuando el movimiento constitucionalista encabezado por el Primer Jefe Venustiano Carranza desconoci� al gobierno usurpador de Huerta, a los poderes Legislativo y Judicial y a los gobiernos estatales que no acataran el Plan de Guadalupe?

No pienso que as� deba procederse. Hacerlo ser�a un craso error, de alt�simo costo para el PRD y para el movimiento democr�tico en su conjunto. Por el contrario, estoy de acuerdo con la sensatez y sabidur�a de Luis Villoro, que en un art�culo reciente dice que la discusi�n de un proyecto nuevo de naci�n requiere de tiempo para su debate y no puede aprobarse en un acto declaratorio en el Z�calo, al calor de un discurso, pues har�a falta por lo menos la consulta y la anuencia de delegados de toda la Rep�blica.

Es decir, agrego yo, de un amplio proceso de an�lisis y discusi�n, que en funci�n de un proyecto de naci�n construido colectivamente en la pluralidad y mediante procedimientos democr�ticos, desemboque en la elaboraci�n de una nueva norma constitucional.

Villoro expresa tambi�n que “muchos no podemos estar de acuerdo con nombrar un nuevo presidente en rebeld�a. Esto romper�a, aunque s�lo fuera simb�licamente, el orden constitucional. Para sostener una amplia y permanente oposici�n lo que menos necesitamos son actos provocadores.

Lo que s� es necesario, pienso yo con muchos conciudadanos, es caminar hacia la paulatina realizaci�n de un nuevo proyecto de naci�n para el porvenir cercano. Un proyecto de oposici�n podr�a seguir ciertas ideas regulativas: una nueva ley electoral; una nueva legislaci�n sobre los derechos de los pueblos ind�genas; resistencia contra la privatizaci�n de los recursos naturales; lucha contra la corrupci�n; ampliaci�n de la educaci�n en todos sus niveles; lucha para disminuir radicalmente la desigualdades econ�micas y sociales. Una izquierda nueva podr�a aglutinarse, sin perder diferencias, en las l�neas de un proyecto semejante”.
...
Como ves, con esta larga carta lo que hago es defender el derecho a disentir, a pensar diferente, a pensar que cuando se ha impedido ha conducido a dictaduras, opresi�n, represi�n, sectarismos e intolerancia, que estoy cierto, ni t� ni yo queremos ver en nuestro pa�s.

Muy atentamente

Cuauht�moc C�rdenas Sol�rzano

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