Archivo de 2003

INTER ARMA SILENT LEGES

Mucho se ha dicho que lo que impulsó a George W. Bush a iniciar la guerra contra Irak, fue el temor de encontrarse derrotado en la vía diplomática. Mucho se ha escrito, sobre la suerte del presidente Fox por no verse obligado a ejercer el derecho de voto de México en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Sin embargo, poco hemos analizado un hecho escalofriante: justo cuando se celebra que nuestro país se había liberado de años de intervensionismo norteamericano por atares del petróleo, amaneció la historia mundial con un ciclo que se repite, con una trenza irónica que muestra a las leyes mudas; silenciadas con el retumbar de los misiles, las bombas y las metrallas.

Y muy a pesar del cuestionable triunfo norteamericano y el continuo sentimiento de inseguridad contra el terrorismo que se respira en todo el mundo, cabe reflexionar sobre que la guerra misma no es el producto de un maligno ser supremo, y mucho menos es algo tan simple como la búsqueda de aliviar la recesión americana en dos frentes, con el aumento en el gasto público sustentado en el control del petróleo por un lado, y la creación de un mercado árabe cautivo por el otro.

La guerra es, me parece, algo mucho más profundo, que tiene que ver con un último y furtivo intento del “freeworld” para buscar garantizar y auto renovar a la ya casi sucumbida presencia ideológica, política y económica que lo había distinguido por años. Y esto se hace, le pese a quien le pese y se pise a quien se pise, cumpliendo nada menos al pie de la letra y en la mira del cañón, con lo que hace ya siglos pregonó Cicerón: “Inter Arma Silent Leges: Cuando suenan las armas, callan las leyes”.

Ese es el precio de la guerra y sobra decir que es muy alto. En el mejor de los casos, implica olvidar pronto otro reto al que se enfrentó nuestro gobierno, o acaso, como habitantes del planeta, olvidarnos de una amenaza más. En el mejor de los casos, la guerra implica que corramos el riesgo de pronto encontrarnos renunciado a nuestra conciencia global al dotar de fuerza a un sistema de autoridad unilateral, que se base en mecanismos de manipulación muy bien calibrados que logren legitimar futuros conflictos con el fin de que, tanto víctimas como victimarios, gobernantes y gobernados, influyentes e influenciados, creamos en la ilusión de que se está haciendo lo correcto o por lo menos lo inmediatamente necesario por mantener la paz, la tranquilidad, la estabilidad económica y el progreso mundial.

Con suerte, la guerra terminará sin demasiados conflictos inmediatos y la economía terminará en mejoría, pero no podemos negar que el costo será haber negado la misma razón de ser de la ONU y la rápida transformación del consenso internacional en un absurdo y nihilista ritual. Por ello me pregunto, más allá de las posibles consecuencias inmediatas que hubiera traído el votar en contra de nuestro principal socio comercial, ¿es correcto que México no condene públicamente el ataque norteamericano a Irak? ¿Es verdaderamente conveniente para nuestro país, hacerse de la vista gorda y permitir que las armas silencien a las leyes?, porque lo que me preocupa, no es tanto el concepto, sino por lo que tendremos que esperar cuando las armas sean las leyes.

  • Artículo inspirado en la lectura de texto de Nadia Orozco

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Realidad Novelada de un Narcotraficante Extraditado

Casi alcanzo el relámpago. Pero ni’maíz, no se pudo. El maldito traidor no paso la orden a tiempo… Creyó que por llamar a segundos del arresto (cuando mi única escapatoria eran los tiros), yo me iba a creer que era derecho… ¡Seguro! Si casi casi me sacan en “hombros”, ¡carajo!

Hoy es tiempo de cosechar, pero ya llegará de nuevo el tiempo del huitlacoche, entonces verán más sangre que la de hoy, en niño con cáncer. Lo mismo pasó hace unos años y logré escapar. Unos verdes y pericos y todo quedó arreglado. Ni importa que el preciso sea otro, “el cambio” de la gente es de lo que les sobre de mi mochada … Y me la cobró a lo macho. Le saqué el atole al amigo porque él fue el que escupió fuera del frasco…

Lo que más me duele, es que nos agarraron a casi todos los de fiar. Creo que sólo unos cuantos se pudieron pirar. Pues si, ¿a cómo no nos iba a tocar si estábamos en tambora?. Y de a lueguito me fui a estampar con una lámpara de calle. ¡Ni las pedorras pude usar!... Con una sola me hubiera podido llevar a varios…

Malo es, que con tanto detenido, el cártel se reorganizará tan rápido que ya deben estar viendo quien nos sustituye… así es el poder y ahí se reduce la oportunidad… siempre hay menos fieles que ingratos… sobretodo en el gobierno. Mendigos. Primero piden para la campaña, ¿y luego?... ¡caña! Y es igual aquí que en el gabacho. Lo que es pura verda, es que por lo menos allá hay más respeto para el que es de los grandes. Los gringos saben que somos agricultores; empresarios. Saben que a los chicanos y a los negros, se los puede llevar la flaca, pero a nosotros nos cuidan hasta que dejamos de servir… tenemos el negocio rentable y diversificado. Igual aquí que allá, estamos en todos lados. Tenemos ojos en las paredes y oídos en los sordos. Más dinero que el petróleo, billete que se mueve por todos lados…Esto es lo que me pasa por andarme peleando. Pero no falta mucho para que me entere quien se cansó de mí. De otra, no nos hubieran calado. Ni nos tocaban, me cai…

No pos’si. En este avión el trayecto es corto pero la mente larga. En el hocico cerrado no entran moscas… y si el perro está muerto, ni daño que le hacen… ¿Me irán a asfixiar del cogote? Y yo que ya andaba pensando en qué sacar a cambio de mi silencio…. Recámara amplia, refrigerador, dvd, servicio y una vieja por mes. No más, no menos, porque la cabeza se pierde en el desequilibrio, y allá dentro necesito toda la cabeza posible para conservar el poder que tanto “amigo” me ha ido dejando… todo el equilibrio, menos un ratito una vez al mes…

¡No! ¡Ahorita ya no me acobardo! Ya sabía que me podía tocar y a puritito pantalón, estoy dispuesto a más que esto. Si me quieren muerto, ¡aquí esta mi cabeza!... Pero eso sí, no dirán que yo soy de los traidores ni de los desagradecidos. Los que fueron ley, la tienen cubierta. Solo escupiré a los malganados, a los que no fueron derechos. De los grandes, ni una palabra porque ni me lo creen ni me la acabo… Sólo lo suficiente para que antes de irme, me lleve a los ingratos, a todos ellos… ¡incluido el del pitazo!

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